El Reino de los Cielos está entre nosotros

El Reino de los Cielos

Material extraído del libro Jesús de la Sabiduría escrito por Cynthia Bourgeault

         Uno de los libros más importantes aparecidos recientemente es “Putting on the Mind of Christ”, escrito por Jim Marion, quien, sorprendentemente, no es un teólogo, sino un abogado de Washington. El título en sí mismo es toda una declaración. “Revestirse de la mente de Cristo” es una referencia directa al poderoso mandato de san Pablo en Filipenses 2,5: “Permitid que vuestra mente sea la misma que la que está en Cristo Jesús”. Las palabras nos aproximan directamente a lo que deberíamos hacer en este camino: no solo admirar a Jesús, sino adquirir su consciencia.

         Es cierto que durante la mayor parte de los últimos 1600 años, el cristianismo ha puesto mucho más énfasis en las cosas que sabemos acerca de Jesús. En el capítulo anterior he hablado sobre cómo la palabra ortodoxo ha sido interpretada como “la creencia correcta”. Además del evidente requisito de saber en qué consisten esas creencias y de estar de acuerdo con ellas, lo ortodoxo conlleva un mensaje subliminal: un camino adecuado para relacionarse con Jesús es a través de una serie de creencias. En el cristianismo fundamentalista este mensaje tiende a ser más acentúa-do, hasta el punto de que la fe se reduce a firmar un documento con una declaración de creencias. Creer en Jesús se equipara a creer cosas acerca de él.

         Pero esto no es lo que ocurría en la Iglesia primitiva. Y, desde luego, no puede seguirse este camino si lo que perseguimos es entrar en una relación viva con un maestro de sabiduría. El libro de Jim Marion nos reconduce al terreno adecuado, al principal reto al que el cristianismo debería invitarnos. Porque, verdaderamente, ¿cómo podemos ponernos en la mente de Cristo? ¿Cómo podemos ver a través de sus ojos? ¿Cómo podemos sentir a través de su corazón?¿Cómo podemos actuar ante el mundo con el mismo amor integral y sanador? Esta es, en verdad, la ortodoxia cristiana. No se trata de la creencia correcta sino de la práctica correcta. 

         Marion se acerca a esta cuestión desde una perspectiva muy curiosa. Observa que, en sus enseñanzas, Jesús utiliza de manera repetida una expresión en particular: “El Reino de los Cielos”. Podemos comprobar esto fácilmente si echamos un vistazo rápido a los Evangelios. Estas palabras nos saldrán al encuentro por todas partes. El Reino de los Cielos es así”, “el Reino de los Cielos se asemeja a”, “el Reino de los Cielos está entre vosotros”, “el Reino de los Cielos está cerca”. Sea lo que sea este Reino de los Cielos, es de una importancia fundamental para lo que Jesús está tratando de enseñarnos.

         Entonces, ¿qué interpretación le damos? Los expertos de la Biblia han debatido esta cuestión casi desde que existen los estudios bíblicos. Muchos cristianos, particularmente los de la ideología evangélica, asumen que el Reino de los Cielos es un lugar al que vamos cuando morimos, si hemos sido buenos. Pero el problema con esta interpretación es que el mismo Jesús la contradice específicamente cuando dice: “El Reino de los Cielos está entre vosotros” (esto es, aquí) y “cerca” (esto es, ahora). No se trata de algo que llegará más tarde, sino de una cualidad, o dimensión de experiencia, más sutil, accesible para ti justo en este momento. Tú no mueres para entrar en él si no que despiertas a él.

El otro enfoque que se ha intentado de manera sistemática es el de equiparar el Reino de los Cielos con una utopía aquí en la Tierra. El Reino de los Cielos sería como un reino de paz y justicia, donde los seres humanos viven juntos en armonía y con una justa distribución de sus bienes. Durante miles de años, profetas y visionarios han luchado para materializar sus versiones de este segundo tipo de Reino de los Cielos, pero de alguna manera estas utopías en la Tierra no parecen estar llamadas a pervivir mucho tiempo. Y aquí, de nuevo, encontramos que Jesús rechazó específicamente este significado. Cuando sus seguidores quisieron proclamarle como el Mesías, el rey de Israel divinamente ungido que vendría a instaurar el reino de la justicia de Dios en la Tierra, Jesús se escandalizó con todo aquello y dijo, de forma firme e inequívoca: “Mi reino no es de este mundo”.

¿De dónde es, entonces? La sugerencia maravillosamente perspicaz y contemporánea de Jim Marion es que el Reino de los Cielos es realmente una metáfora de un estado de consciencia: no un lugar al que vayamos, sino el lugar del que venimos. Es una forma completamente nueva de ver el mundo, pues se refiere a una consciencia transformada que, literalmente, convierte a este mundo en un lugar diferente. Marion sugiere específicamente que el Reino de los Cielos es la manera preferida de Jesús de describir un estado de consciencia al que hoy en día nos referimos como “consciencia no dual” o “consciencia unitiva. La característica distintiva de este tipo de consciencia es que no ve separación ni entre Dios y los seres humanos, ni entre unos seres humanos y otros. Y estas son verdaderamente las dos enseñanzas nucleares de Jesús, que subyacen en todo lo que dice y hace.

         Cuando Jesús habla acerca de esta Unión, no está hablando de la unidad del ser en términos orientales, expresada como “yo soy de por sí divino”7. Más bien, lo que tiene en mente es una completa, mutua comunión: Yo soy en Dios, Dios es en ti, tú eres en Dios, nosotros estamos el uno en el otro. El símbolo más bello que utiliza para esto lo encontramos en Juan 15 cuando dice: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. Permaneced en mí y yo en vosotros”. Unos versículos después, dice: “Como el Padre me amó, yo os he amado. Permaneced en mi amor”. Cuando él afirma que “el Padre y yo somos uno” (Jn 10,30), una declaración tan blasfema para los oídos judíos que casi le lleva a ser lapidado, él no lo ve como un privilegio exclusivo sino como algo que comparte con todos los seres humanos. No hay separación entre los seres humanos y Dios por esta mutua cohabitación que manifiesta la indivisible realidad del amor

 Divino. Fluimos en Dios, y Dios en nosotros, porque es propio de la naturaleza del amor el fluir. Y en la medida que nos entregamos unos a otros de esta manera,

la viña da vida y coherencia a los sarmientos, mientras que los sarmientos hacen visible lo que la viña es. (Al fin y al cabo, la vid no es más que una mera abstracción, pero lo que realmente existe son los sarmientos, que conforman una realidad). La totalidad y la parte conviven juntas en mutua y amorosa reciprocidad, cada una perteneciendo a la otra y dependiendo de la otra para poder manifestar la plenitud del amor. Esta es la visión de Jesús de no separación entre el ser humano y la Divinidad.

         La no separación entre los seres humanos es una idea poderosa e igualmente retadora. Una de las enseñanzas más conocidas de Jesús es Ama al prójimo como a ti mismo. Pero casi siempre lo hemos escuchado de forma errónea. Escuchamos Ama a tu prójimo tanto como a ti mismo (y, por supuesto, llega la siguiente pregunta: “Pero primero tendré que amarme a mí antes de poder amar a mi prójimo ¿no?. Sin embargo, si escuchas de cerca la enseñanza de Jesús no dice por ninguna parte “tanto como”. Simplemente dice “Ama a tu prójimo como a ti mismo, es decir, como una continuación de tu propio ser. Es el reconocimiento absoluto de que tu vecino y tú sois lo mismo. No hay dos individuos, uno que busca mejorar a costa de otro, o uno que quiere ser caritativo con el otro; simplemente hay dos células de una Vida más grande. Cada una de ellas es igualmente preciosa y necesaria. Y en la medida que estas dos células fluyen una en la otra y experimentan esta Vida desde el interior, descubren que “entregar la vida de uno por el otro no es una pérdida de uno mismo sino una vasta extensión de sí mismo, porque la indivisible realidad del amor es el único Ser Verdadero

Estos son los puntos nucleares de una enseñanza absolutamente radical, no solo a años luz de su tiempo sino también del nuestro. Para mostrar cuánta es esta distancia, Jim Marion hace buen uso de un esquema lanzado por primera vez por uno de los más grandes filósofos de nuestra era: Ken Wilber. Wilber  enseña que la conscencia humana se despliega a través de un continuo58 de nueve niveles desde la consciencia arcaica de la infancia y de los pueblos de la temprana edad de Piedra hasta los más altos estados de consciencia de la no-dualidad, la completa iluminación del Ihidaya (el “Unificado”) de la que hablamos en el capítulo anterior. En tiempos de Jesús la mayoría de las personas estaban en un nivel tres, o de consciencia “míitica”; su sentido de la identidad estaba orientado colectivamente hacia la pertenencia a un grupo tribal específico. Hoy en día un gran número de personas ha alcanzado el nivel cuatro, o nivel de la consciencia “racional”, y algunos incluso el nivel cinco, o “visión lógica” (si bien cuando están presionadas por el miedo o la incertidumbre, la mentalidad grupal más primitiva todavía vuelve a reafirmarse rápidamente). Así que podemos ver el desafío que esto supone, tanto entonces como hoy en día. Según Jim Marion, Jesús viene como un maestro de la consciencia no dual -probablemente el primero que se ve en la civilización occidental- llamando a una radical transformación de consciencia, al menos seis niveles por encima de aquel en el que se encontraban, y todavía cuatro o cinco niveles por encima del nivel en que estamos nosotros. ¡Hasta este punto es difícil de captar la sutileza de sus enseñanzas!

Pero el hecho de que él hiciera esto (y que continúe haciéndolo en la medida en que aprendemos a abrirnos a su presencia constante nos sugiere que esta transformación no es solo posible sino que, de hecho, está concebida para los seres humanos. Y, además, debe de haber algo en la propia enseñanza que permite pasar por esos niveles de forma rápida en progresión geométrica más que en progresión lineal. Como diría Jesús: “Ven y ve”. En todo caso, el Reino de los Cielos es su metáfora favorita para una vida vivida desde esta consciencia transformada. Es el mundo que creas cuando miras con el ojo de la Unicidad. Y en verdad existe. No es solo una metáfora, sino la transfiguración de este reino por el poder de la Unidad.

Referencia: 

Cynthia Bourgeault. El Jesús de la Sabiduría. Capítulo 3. Pag.68-74. Editorial Nous. 2021

Jim Marion. Putting on the Mind of Christ. The Inner Work of Christian Spirituality [Revestirse de la mente de Cristo. El sendero interior de la espiritualidad cristiana] (Charlottesville, Virginia: Hampton Roads.2000

Basta solo un momento para despertar a Dios.

“Basta sólo un momento para despertar a Dios, sólo un momento de silencio interior, un momento de verdadera oración, para conocer en lo más profundo de nuestros huesos nuestra verdadera identidad. Aunque las experiencias espirituales dramáticas y de otro mundo pueden ser raras, la mayoría de nosotros tenemos experiencias espirituales que nos cambian la vida, incluso si no son más que destellos de Dios o meros momentos de amor trascendente. Sólo hace falta un momento de fe, un momento de apertura a Dios para recibir tal experiencia.

“Sin embargo, podemos convertir cualquier cosa, incluso lo mejor, en un ídolo. Dios lo sabe y por eso envía la nube para oscurecer su experiencia. Esta no es la oscuridad del mal y del pecado, sino la oscuridad divina, que nos envuelve en el misterio mismo de Dios. Dios no puede reducirse a una experiencia, por muy exaltada que sea. Por lo tanto, si bien podemos aceptar las experiencias que cambian la vida tal como se presentan, no son el objetivo. Más bien, esta nube que ensombrece la transfiguración representa la necesidad del desconocimiento ( o de comprensión), del silencio interior y de la fe pura. Constituyen la mayor parte del viaje espiritual. Equilibran todas las experiencias de luz que tenemos y con las que tendemos a identificarnos. Ese es el problema. Las experiencias pueden convertirse en otra fuente de identidad, apuntalando el falso yo. Darnos cuenta de quiénes somos en Dios es más importante que una experiencia única en la vida, y esto tiende a suceder lentamente con el tiempo, y con mucho desconocimiento (o  comprensión de su naturaleza), silencio interior y fe pura. Pero lo importante es que lleguemos a saber que somos amados de Dios. Este es nuestro verdadero yo”.

– L. J. Milone, ensayo para La Catedral de San Mateo Apóstol, Washington, DC, 5 de marzo de 2023

https://www.stmatthewscathedral.org/about/staff/milone

Música, audio y fotos capturados durante mi participación en la Escuela de Sabiduría “El Camino del Corazón”

Durante el evento pude capturar sonidos y fotos. Una de las actividades que más me cautivó durante la Escuela de Sabiduría “El Camino del Corazón” en Colombia del 29 de enero al 4 de febrero fue la música/cantos programados por nuestras compañeras Carmen Horst y de su hermana Cristina Horst de Roberts y la lectura del Padre Nuestro (traducido del Arameo) por Marcela Huepe.

Durante las actividades varias pude capturar el material que expongo a continuación.

  1. Padre Nuestro (traducción del Arameo)

O Señor, de quien el soplo de la vida proviene, y que colmas todos los dominios del sonido, la luz y la vibración. Sea tu Luz experimentada por mi parte más sagrada, y se aproxime tu dominio Celestial. Que tu voluntad se vuelva cierta, así en el universo, donde todo vibra, como en esta Tierra, material y densa. Entréganos la sabiduría para comprender lo que diariamente necesitamos. Y desprende las cadenas de las faltas que nos aprisionan así como nosotros dejamos ir las culpas de los otros. No nos dejes perdernos en lo superficial, más libramos de lo que nos mantiene alejados de nuestro verdadero propósito. Porque de ti proviene la voluntad siempre activa, la fuerza viva para actuar, y el canto que todo lo embellece, renovándose cada era. Sea esto en sellado en confianza, fe y verdad; lo confirmo con todo mi ser.

Este material fue suministrado y leído por Marcela Huepe.

2. La Paz de la Tierra

La paz de la tierra este contigo, la paz de los cielos también. La paz de los ríos esté contigo, la paz de los mares también. La paz profunda cayendo sobre ti. La paz profunda creciendo en ti.

3. Abre mis ojos (mis oídos, mi corazón) que quiere ver como Tu. Abre mis ojos, ayúdame a ver (oír, amar) (J.Manibusan)

4. Abre mi corazón.

5. Da pacem cordium (Da paz a nuestros corazones) Taizé

6. Nada te turbe

Nada te turbe, nada te espante. Quien Dios tiene, nada le falta. Nada te turbe, nada te espante. Sólo Dios basta. (Taizé. Letra de Sta. Teresa de Ávila)

7. Dios nos da la alegría y el pan de cada día. Canon.

8. Suelta, libre y sin temor.

9. Tengo sed de Ti, O Fuente del Amor. Tengo Sed de Ti; tu amor es libertad. Taizé.

10. El material de audio que aparece a continuación corresponde a grabaciones que Carmen y Cristina grabaron y nos enviaron por WhatAssp a todo las personas integrantes de la Escuela de Sabiduría. De manera de preservar este material y poderlo usar en el futuro decidí ponerlo aqui.

AUDIO-2024-02-05-1-Jubilate-deo.m4a

AUDIO-2024-02-05-1-La-Paz-de-la-tierra.m4a

AUDIO-2024-02-05-Abre-mi-corazon.m4a

AUDIO-2024-02-05-Coman-de-este-pan.m4a

AUDIO-2024-02-05-De-noche-.m4a

AUDIO-2024-02-05-Enciende-la-LLama.m4a

AUDIO-2024-02-05-Feli-Feliz-en-tu-dia.m4a

AUDIO-2024-02-05-Nada-te-turbe.m4a

AUDIO-2024-02-05-Quedate-contigo-estare.m4a

AUDIO-2024-02-05-Suelta-Libre-y-sin-temor.m4a

11. Coloco aqui la Oración Trisagion (Tres veces Santo). Antigua práctica cristiana. Uso de gestos dirigidos por Marcela Huepe.

12. Conjunto fotográfico presentado en formato de video

Pausa y Silencio (12 min)

He preparado un ejemplo de uso de canto para entrar y salir de la oración Centrante que podría ser de gran utilidad durante nuestra vida diaria.

Agradezco el material usado a Carmen Horst y Cristina Horst de Roberts.

Arrepentimiento

“Arrepentirse es una invitación a crecer y convertirse en un ser humano completamente maduro que integra las necesidades biológicas con el nivel racional de conciencia. El nivel racional de conciencia es la puerta que se abre hacia estados superiores: los niveles de conciencia intuitivo y unitivo. Ellos nos abren a la experiencia de la presencia de Dios, que nos devuelve el sentimiento de felicidad y podemos tomar posesión de todo lo que fue bueno en nuestros primeros años de vida, dejando atrás las distorsiones.

– Thomas Keating, La condición humana

“… [C]uando hablamos de arrepentimiento nos topamos con un cristianismo que tiene una inclinación particular por hacer cosas a nivel emocional y moral. “Lamento mis pecados, miro lo podrido que he sido, expío toda esta maldad”. Así que tendemos a pensar en el arrepentimiento de esa manera. Thomas Keating… dice que el arrepentimiento significa cambiar la dirección en la que buscas la felicidad. Date la vuelta, reorientate. Reorientate hacia lo más elevado y lo más profundo. Y ese es el verdadero significado del término metanoia: el paso de ese yo más pequeño y atrapado a lo más grande; desde el exclusivo acceso horizontal de la vida hasta recordar la vertical también… significa salir de tu jaula. Y eso es lo que significa el verdadero arrepentimiento… el único lugar donde realmente puedes hacer daño y violencia es cuando estás atrapado en tu jaula. Cuando estás en tu pequeño yo, temeroso, lleno de lucha o huida, lleno de problemas, lleno de cosas que tienen que suceder antes de que el mundo sea como debería ser, todas esas son funciones del pensamiento del pequeño yo: crítico, juzgando, resentido. Cuando estás ahí, eres capaz de ejercer la violencia; y de ahí surge todo lo que la Iglesia llama “pecado” en términos de errar el blanco y hacer mal. Entonces, si puedes salir de eso, volver a salir del pequeño yo y entrar en ese lugar más grande y más equilibrado, entonces podrás volverte no violento, apacible, abierto, suave y vulnerable al flujo de la gracia…”

– Cynthia Bourgeault, comentarios sobre Presencia viva de Kabir Edmund Helminksi

Tomado este material de La Palabra Semanal (Word of The Week) de Contemplative Outreach Ltd. 21 de Enero, 2024.

El Amor Surge de la Consciencia

“Cuán pocos entienden qué es realmente el amor y cómo surge en el corazón humano. El amor surge de la consciencia. Podrás amar verdaderamente a una persona  sólo en la medida en que veas a alguien como realmente él o ella es, aquí y ahora y no como es en tu memoria o en tu deseo o en tu imaginación o en tu defensa; por lo contrario, no es la persona a la que amas, es sólo la idea que te has formado de ella, o de esta persona como el objeto de tu deseo, y no como él o ella es en sí mismos.

“Si logras este tipo de consciencia del otro… sabrás qué es el amor. Porque habrás alcanzado una mente y un corazón alerta, vigilante, claro, sensible; una claridad de percepción, una sensibilidad que extraerá de ti una respuesta precisa y apropiada a cada situación en cada momento.

“Una vez que empiezas a ver [de esta manera], tu sensibilidad te llevará a la consciencia, no sólo de las cosas que eliges ver sino también de todo lo demás.

“Si lo que realmente deseas es amor, emprende de inmediato la tarea de ver, tómalo en serio… y mientras lo haces, la dura coraza protectora que rodea tu corazón se ablandará y se derretirá y tu corazón cobrará vida en sensibilidad y capacidad de respuesta. . La oscuridad de tus ojos se disipará y tu visión se volverá clara y penetrante, y por fin sabrás qué es el amor”.

– Anthony De Mello, La manera de amar

Haciendo Espacio Para El Amor

Haciendo espacio para el amor

No hay mayor desgracia que sentir

“Tengo un enemigo”

Para cuando “yo” y “enemigo” existimos juntos

No queda lugar para el tesoro [de Dios]

Así, cuando dos oponentes se encuentran

El que no tiene enemigo

Seguramente triunfará.

– Lao Tzu, Tao Te Ching, 

“El perdón no exime a alguien de la responsabilidad por lo que ha hecho. El perdón no borra la responsabilidad. No se trata de hacer la vista gorda ni siquiera de poner la otra mejilla. No se trata de dejar a alguien libre de culpa o de decir que está bien hacer algo monstruoso. El perdón consiste simplemente en comprender que cada uno de nosotros es inherentemente bueno e inherentemente defectuoso. Dentro de cada situación desesperada y de cada persona aparentemente desesperada se encuentra la posibilidad de transformación”.

– Desmond Tutu y Mpho Tutu, El Libro del Perdón: el Cuádruple Camino para Perdonarnos a Nosotros Mismos y al Mundo

Haciendo espacio para el amor

Oh Dios, cuando estoy alejado de los demás, cuando se levantan muros de malentendidos entre nosotros,

Me descoloro y me marchito como una hoja separada de su tallo.

¡Cuánto necesito el bálsamo de la amistad, el calor de la comprensión!

¡Cuánto necesito que me necesiten y me aprecien!

Por tanto, oro para poder conocer la alegría del amor dado y recibido,

y que ninguna indignidad me disminuya.

Abre mis ojos a la belleza que brilla dentro de todos los que caminan sobre la tierra.

Guárdame de heridas imaginarias, de ver enemigos donde sólo se encuentran amigos.

Y dame una visión de mi propio corazón, para que pueda desarraigar todo lo que me debilita.

Ayúdame a ser paciente cuando otros me malinterpreten,

abierto a los pensamientos de quienes están cerca de mí, y pronto a perdonar a todos los que me hieren…

– Oración personal escrita de forma anónima en el momento de la comunión de la tradición judía.

Cómo Vivir una Vida Contemplativa y La Danza Cósmica como Imagen

Si pudiéramos dejar de lado nuestra propia obsesión con lo que creemos que es el significado de todo esto, podríamos escuchar el llamado [de Dios] y seguirlo en Su misteriosa danza cósmica….

Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un banquete de bodas. Cuanto más persistimos en malinterpretar los fenómenos de la vida, cuanto más los analizamos en extrañas finalidades y complejos propósitos propios, más nos involucramos en la tristeza, el absurdo y la desesperación. Pero no importa mucho, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, ni manchar la alegría de la danza cósmica que siempre está ahí. De hecho, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, porque late en nuestra sangre, lo queramos o no.

Sin embargo, el hecho es que estamos invitados a olvidarnos de nosotros mismos a propósito, arrojar nuestra terrible solemnidad al viento y unirnos a la danza general. [1]

Aprender a bailar la danza cósmica: es por eso que estamos aquí en esta tierra, viviendo la vida que estamos viviendo. Al menos esta es una manera de expresar la convicción del corazón sobre la necesidad de reconocer y moverse con la divinidad manifestada en los ritmos primordiales de la vida cotidiana que vivimos. [2]

Hay una danza de estar despierto y dormido, de estar solo y estar con otros. Es una danza de ser visto y comprendido y no visto ni comprendido en absoluto. Hay una danza de estar feliz y estar triste. Hay una danza de sentimiento tan feliz que crees que finalmente estás comenzando a comprender la dimensión espiritual, y luego esta parte en la que crees que nunca lo entenderás. La danza de estar confundido y tener claridad, yendo y viniendo. Y si le pusiéramos música, diríamos que Dios es la infinidad de los ritmos primordiales de tu vida, y Dios espera que la encuentres allí. Dios es la infinidad de los ritmos mismos de tu día, inhalar, exhalar, estar despierto, estar dormido, levantarte y sentarte.

Es como si Dios siempre viniera a visitarnos, pero rara vez estamos en casa. Probablemente estemos comprando un libro espiritual o algo así, o discutiendo con alguien acerca de Dios. Así que siempre estamos tratando de entrar en este ritmo… ¿Cómo puedes aprender a moverte con la naturaleza Divina dada por Dios de los ritmos primordiales que se desarrollan en tu vida y tu paso a través del tiempo…desde el nacimiento hasta la muerte? [3]

[1] Thomas Merton, New Seeds of Contemplation (Norfolk, CT: New Directions, 1961), 296, 297. 

[2] James Finley, The Contemplative Heart(Notre Dame, IN: Sorin Books, 2000), 23. 

[3] Adapted from James Finley, Turning to the Mystics: Virtual Retreat, day 2 (Albuquerque, NM: Center for Action and Contemplation, 2022). Video and transcript unavailable.  

https://email.cac.org/t/d-evjkuihk-tlkrjkhddl-s/

El Falso Yo

El falso yo son todas las cosas que pretendemos ser y pensamos que somos. Es el orgullo, la arrogancia, el título, el disfraz, el papel y el grado que tomamos para ser nosotros mismos. Es creado casi en su totalidad por nuestras mentes, nuestras culturas y nuestras familias. Es lo que pasa y lo que va a morir, y no lo que somos. Para muchas personas, esto es todo lo que tienen, pero todo eso morirá cuando nosotros muramos.

Cuando nos identificamos en exceso con él, tenemos que seguir identificándonos en exceso con él, defendiéndolo y promoviéndolo como “lo mejor”.

El concepto del “falso yo” se refiere a la identidad que una persona construye y presenta en ciertos contextos para cumplir con las expectativas sociales, culturales o profesionales, en lugar de reflejar su verdadera naturaleza o autenticidad. Esto implica que la persona está actuando de manera que no se alinea completamente con sus valores, intereses o personalidad genuina.

Si estamos viviendo desde el falso yo, todo lo que podemos hacer es medir, comparar, evaluar y etiquetar. Eso es lo que se llama tener pensamiento dualista, y es donde vive nuestro mundo.

Tenemos que socavar esta ilusión desde el principio, y cuando lo hacemos, descubrimos el Verdadero Ser, el Verdadero Yo,  “escondido con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). Nuestro Verdadero Ser en Dios se convierte en nuestra piedra angular.. Nos da un nuevo par de ojos.

Podemos mirar a nuestro alrededor y saber que el mundo está lleno de infinitas imágenes de Dios.

A medida que llegamos a una aceptación más profunda de nuestro verdadero yo, sabemos que nuestra identidad proviene del amor de Dios, no de lo que otras personas piensan o dicen sobre nosotros. 

Con respecto al proceso transformador de descubrir nuestro verdadero yo:

Sabemos que la tentación del ser humano  es de huir y negar no solo la presencia divina, sino nuestro verdadero ser: nuestras almas, nuestro destino interior, nuestra verdadera identidad. Nuestro verdadero yo es esa parte de nosotros que sabe quiénes somos y de quién somos, aunque en gran parte inconscientemente.

Estamos hechos para la trascendencia y los horizontes infinitos, pero nuestro pequeño ego generalmente se interpone en el camino hasta que nos damos cuenta de sus pequeñas preocupaciones y finalmente buscamos una verdad más profunda. Es como la minería de un diamante. Debemos cavar profundo; y, sin embargo, parecemos reacios, incluso temerosos, a hacerlo.

¿Quién removerá la roca? ¿Quién nos ayudará en esta operación minera del Verdadero Yo? ¿Qué se necesita para encontrar mi verdadero yo? ¿Cómo sé siquiera que hay un “diamante inmortal” debajo y detrás de esta roca de mi ego, mi experiencia de vida específica, mi propia cultura?

Hasta ahora, hemos sido impulsados más por la autoridad exterior que atraídos por la autoridad interior tranquila y amorosa (el Espíritu Santo que mora en nosotros) de la oración, la práctica y la experiencia interior. Esto tiene muchas más posibilidades de permitirnos conocer y conocer nuestro verdadero yo. Para todos los propósitos prácticos, este cambio de identidad del yo separado al Yo Verdadero y conectado es el cambio principal —casi sísmico— en la motivación y la conciencia misma que la religión madura correctamente llama conversión. Es el corazón mismo de toda transformación religiosa (“formas cambiantes”).

Sin ella, la religión es principalmente un mero sistema de pertenencia o un mero sistema de creencias, pero no cambia radicalmente nuestra conciencia o motivación.

La clarificación y el redescubrimiento del Verdadero Ser sientan una base sólida y una meta inicial clara para toda religión. No podemos construir ninguna casa espiritual seria si primero no encontramos algo sólido y fundamental sobre lo cual construir, ¡dentro de nosotros mismos!

https://cac.org/daily-meditations/what-is-the-false-self-2023-08-08/ y https://cac.org/daily-meditations/mining-for-an-immortal-diamond-2023-08-07/

El Espíritu De Dios Ora en Nuestros Corazones

El reino de los cielos es como un comerciante en busca de perlas finas; al encontrar una perla de gran valor, fueron y vendieron todo lo que tenían y la compraron.
– Mateo 13:45-46

St. Agustín, después de pasar muchos años infructuosos buscando la verdad fuera de sí mismo, hizo el descubrimiento que le cambió la vida de que lo que estaba buscando estaba dentro de sí mismo: allí en las profundidades de nuestro ser están la verdad, la bondad y el amor. En sus confesiones proclama: “Estabas allí ante mis ojos, pero yo había abandonado incluso a mí mismo y no había encontrado al Dios de mi propio corazón”.
 
La clave del descubrimiento de Agustín fue su comprensión de que el silencio nos revela a Dios como nada más puede. Si viajamos en quietud al centro de nuestro ser, nos dice, encontraremos a Dios “que está más cerca de nosotros que nosotros de nosotros mismos”.
 
Llegó a  un punto para Agustín y, a nosotros como buscadores contemplativos, también, cuando no se pueden encontrar las palabras correctas, o cuando las oraciones conocidas, hermosas perlas en sí mismas, no tocan ningún acorde en nuestro corazón y no nos acercan a Dios. Es entonces cuando simplificamos nuestra oración y pasamos de muchas palabras a pocas palabras y de pocas palabras a una palabra y de una palabra al silencio. En la quietud y el silencio abandonamos todas las palabras y la reflexión y descansamos. Nos ponemos en las manos de Dios, esperamos y escuchamos escuchar el espíritu de Dios orar en nuestros corazones.