Cómo Vivir una Vida Contemplativa y La Danza Cósmica como Imagen

Si pudiéramos dejar de lado nuestra propia obsesión con lo que creemos que es el significado de todo esto, podríamos escuchar el llamado [de Dios] y seguirlo en Su misteriosa danza cósmica….

Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un banquete de bodas. Cuanto más persistimos en malinterpretar los fenómenos de la vida, cuanto más los analizamos en extrañas finalidades y complejos propósitos propios, más nos involucramos en la tristeza, el absurdo y la desesperación. Pero no importa mucho, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, ni manchar la alegría de la danza cósmica que siempre está ahí. De hecho, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, porque late en nuestra sangre, lo queramos o no.

Sin embargo, el hecho es que estamos invitados a olvidarnos de nosotros mismos a propósito, arrojar nuestra terrible solemnidad al viento y unirnos a la danza general. [1]

Aprender a bailar la danza cósmica: es por eso que estamos aquí en esta tierra, viviendo la vida que estamos viviendo. Al menos esta es una manera de expresar la convicción del corazón sobre la necesidad de reconocer y moverse con la divinidad manifestada en los ritmos primordiales de la vida cotidiana que vivimos. [2]

Hay una danza de estar despierto y dormido, de estar solo y estar con otros. Es una danza de ser visto y comprendido y no visto ni comprendido en absoluto. Hay una danza de estar feliz y estar triste. Hay una danza de sentimiento tan feliz que crees que finalmente estás comenzando a comprender la dimensión espiritual, y luego esta parte en la que crees que nunca lo entenderás. La danza de estar confundido y tener claridad, yendo y viniendo. Y si le pusiéramos música, diríamos que Dios es la infinidad de los ritmos primordiales de tu vida, y Dios espera que la encuentres allí. Dios es la infinidad de los ritmos mismos de tu día, inhalar, exhalar, estar despierto, estar dormido, levantarte y sentarte.

Es como si Dios siempre viniera a visitarnos, pero rara vez estamos en casa. Probablemente estemos comprando un libro espiritual o algo así, o discutiendo con alguien acerca de Dios. Así que siempre estamos tratando de entrar en este ritmo… ¿Cómo puedes aprender a moverte con la naturaleza Divina dada por Dios de los ritmos primordiales que se desarrollan en tu vida y tu paso a través del tiempo…desde el nacimiento hasta la muerte? [3]

[1] Thomas Merton, New Seeds of Contemplation (Norfolk, CT: New Directions, 1961), 296, 297. 

[2] James Finley, The Contemplative Heart(Notre Dame, IN: Sorin Books, 2000), 23. 

[3] Adapted from James Finley, Turning to the Mystics: Virtual Retreat, day 2 (Albuquerque, NM: Center for Action and Contemplation, 2022). Video and transcript unavailable.  

https://email.cac.org/t/d-evjkuihk-tlkrjkhddl-s/

Similitud del Proceso del Despertar Espiritual y el Proceso de la Muerte.

En estos últimos días he estado expuesta a la vida de Kathleen Dowling Singh (1946-2017)

Kathleen era trabajadora de cuidados paliativos, psicoterapeuta y una escritora espiritual muy profunda e influyente gracias a tres libros que escribió: The Grace del Vivir; La Gracia del Envejecimiento y la Gracia de la Muerte. Sus ideas fundamentales las tomó de su experiencia como trabajadora de cuidados paliativos, atendiendo a pacientes con enfermedades terminales.

Al estar con los moribundos y observarlos le enseñó mucho sobre lo que significa envejecer y, en última instancia, lo que significa vivir.

En una entrevista donde ella habla sobre su vida ella reconoce que el proceso de su despertar y paso espiritual de su vida ha sido similar a lo que ella observaba en pacientes  que mueren de vejez o de una enfermedad terminal. (Ver)

Las ideas de su libro inicial, “The Grace in Dying” se encuentra una comprensión espiritual profunda de lo que Dios y la naturaleza pretenden en el proceso que atravesamos al morir, particularmente como se ve en alguien que muere de vejez o de una enfermedad terminal.

En su libro ella resume el proceso asi: El proceso de la muerte está exquisitamente calibrado para llevarnos al reino del espíritu.

Ella dice que hay sabiduría en el proceso de la muerte y así es como funciona:

Durante toda nuestra vida, nuestra autoconciencia limita radicalmente nuestra conciencia, cerrando efectivamente a nuestra conciencia gran parte del reino del espíritu. Pero no nacimos así. Cuando somos bebés, somos maravillosamente abiertos y conscientes, excepto que, al carecer de autoconciencia, de ego, no somos conscientes de lo que somos conscientes. Un bebé es luminoso, pero no puede pensar. Para pensar es necesario formar un ego, volverse consciente de sí mismo y, según Singh, la formación de ese ego, la condición para la autoconciencia, se basa en que cada uno de nosotros haga cuatro contracciones mentales masivas, cada una de las cuales cierra parte de nuestra conciencia del mundo del espíritu.

Formamos nuestro ego de esta manera: primero, desde el comienzo de la vida de un bebé, se hace una distinción entre lo que es uno mismo y lo que es otro. Esa es la primera contracción importante. Poco después, el bebé distingue entre lo vivo y lo no vivo; un cachorro está vivo, una piedra no. Algún tiempo después, el bebé hace una distinción entre mente y cuerpo; un cuerpo es sólido y físico de una manera que la mente no lo es. Finalmente, también desde el principio de nuestras vidas hacemos una distinción entre lo que podemos enfrentar dentro de nosotros mismos y lo que es demasiado aterrador para enfrentar. Separamos nuestra propia luminosidad y complejidad de nuestra conciencia, formando lo que a menudo se llama nuestra sombra. Cada uno de estos movimientos efectivamente excluye de nuestra conciencia reinos enteros de la realidad. Al hacer eso, dice Singh, creamos nuestro propio miedo a la muerte.

Esta es la clara idea de Singh, el proceso de envejecimiento y muerte efectivamente rompe estas contracciones, descomponiéndolas en el orden inverso a cómo las formamos y, con cada ruptura, volvemos a ser más conscientes de un reino más amplio de la realidad. , particularmente el reino del espíritu. Y esto culmina en los últimos momentos o segundos antes de nuestra muerte en la experiencia del éxtasis, observable en muchos pacientes terminales al morir. Cuando se rompe la última contracción que formó nuestro ego, el espíritu se abre paso y entramos en éxtasis.

La exposición de la vida de Kathleen Dowling Singh me ha hecho valorar su claridad tan profunda de lo que Dios y la naturaleza pretenden en el proceso de morir por vejez o causa natural y el paralelismo a nuestro despertar espiritual.

Diferentes Niveles y Etapas de Crecimiento Espiritual

Muchos de nuestros problemas pueden resolverse si entendemos que las personas se encuentran en diferentes niveles y etapas de crecimiento espiritual. La importancia de los niveles de desarrollo ha llegado a ser reconocida por profesores tan diversos como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Jean Piaget, Lawrence Kohlberg, Abraham Maslow, James Fowler, Clare Graves, Ken Wilber y Bil Plotkin. Algunos hablan de seis niveles, otros de ocho y otros de diez, pero en general se mueven en un sentido muy similar y comparten muchos puntos en común sobre lo que entendemos por maduración y crecimiento humanos.

Tomás de Aquino (I225-1274) dijo: “Todo lo que recibimos lo recibimos según la manera del receptor.” Muchas veces cualquier cosa que se enseñe será escuchada en muchos niveles diferentes, de acuerdo con la madurez psicológica y espiritual interna del oyente. Por ejemplo, Jesús estaba enseñando lo mismo en su parábola de los cuatro diferentes tipos de tierra que recibieron la semilla (ver Mateo 13:4-9).

“El sembrador sale a sembrar; unos granos caen cerca del camino; vienen las aves y se los comen. Otros granos caen entre piedras y, como hay poca tierra, brotan pronto. Pero el sol los quema y por falta de raíces se secan. Otros granos caen entre espinas, crecen las espinas y los ahogan. Otros, finalmente, caen en buena tierra y producen unos el ciento, otro el sesenta, y otro el treinta por uno. El que tenga oídos, que entienda”… 

La notable superposición y acuerdo entre los diversos esquemas de desarrollo, psicología y espiritualidad se combinan maravillosamente para mostrarnos que el crecimiento va hacia alguna parte. La trayectoria es hacia la unión: unión con Dios/Realidad, con uno mismo –la mente, el corazón y el cuerpo, con los demás y con el cosmos. Todos parecen estar de acuerdo en que los niveles inferiores o iniciales son dualistas, mientras que los niveles superiores o “más profundos” son no duales y unitivos. Las primeras etapas son egocéntricas, las etapas intermedias son socio céntricos, y los últimos son cosmo-céntricos.

En un buen día, no importa tu etapa de desarrollo, lo máximo que puedes esforzarte para comprender es a las personas que están a un paso más allá de ti. Las personas en niveles más maduros pueden parecer ridículas, equivocadas, heréticas o incluso peligrosas para las personas en niveles anteriores. Ahora puedes ver por qué fueron asesinados los profetas judíos, Jesús, Gandhi y Martin Luther King, Jr. Por otro lado, la gente de los niveles superiores, no duales, tienen la amplitud y la profundidad para comprender, aceptar y perdonar a las personas de los niveles anteriores o “inferiores”. Su honestidad les permite ver que alguna vez estuvieron allí ellos mismos y reconocer cuánto tiempo les lleva y cuán difícil es crecer.

La forma en que pasas de una etapa a otra es básicamente por alguna forma de herida, fracaso u oscuridad. San Juan de la Cruz (1542-1591) llamó a estas experiencias “noches oscuras del alma”. El viejo sistema que funcionó durante un tiempo tiene que parar de funcionar , y lo hará, y por esta razón  sufriremos. Parece que todos estamos de acuerdo en que es necesario pasar por un período de desconocimiento para conocer un nivel más elevado y maduro. Tienes que pasar por un período de confusión y duda, luchando con tu sombra, lidiando con tus propios conflictos y contradicciones.

Desafortunadamente, las religiones occidentales han dado a su gente poca enseñanza divina sobre cómo caminar en la oscuridad, que es la esencia misma de la fe bíblica. Sólo los místicos y los verdaderos profetas son honestos acerca de lo que implica.

Si no tienes a alguien que te guíe, que te enseñe, que te sostenga durante los momentos en que no sabes, no sientes, no comprendes, normalmente permanecerás en tu nivel actual de crecimiento.  Guiar y sostener son labor de un buen director espiritual o maestro, o incluso de una homilía eficaz. Ahora quizás entiendas por qué Jesús elogió la fe incluso más que el amor. El amor es la meta, pero la fe es el camino laborioso hacia ella. Las personas pueden avanzar y avanzarán si tienen una combinación juiciosa de ambas seguridad y conflicto necesario. El tradicionalismo, en muchos sentidos, suele proporcionar seguridad; el pensamiento progresista permite y fomenta los conflictos necesarios. La mayoría de nosotros nos colocamos de un lado o del otro y por eso no crecemos mucho.

Richard Rhor. A Spring Withing You. A Book of Daily Meditations. (2016) pp.45-47

El Falso Yo

El falso yo son todas las cosas que pretendemos ser y pensamos que somos. Es el orgullo, la arrogancia, el título, el disfraz, el papel y el grado que tomamos para ser nosotros mismos. Es creado casi en su totalidad por nuestras mentes, nuestras culturas y nuestras familias. Es lo que pasa y lo que va a morir, y no lo que somos. Para muchas personas, esto es todo lo que tienen, pero todo eso morirá cuando nosotros muramos.

Cuando nos identificamos en exceso con él, tenemos que seguir identificándonos en exceso con él, defendiéndolo y promoviéndolo como “lo mejor”.

El concepto del “falso yo” se refiere a la identidad que una persona construye y presenta en ciertos contextos para cumplir con las expectativas sociales, culturales o profesionales, en lugar de reflejar su verdadera naturaleza o autenticidad. Esto implica que la persona está actuando de manera que no se alinea completamente con sus valores, intereses o personalidad genuina.

Si estamos viviendo desde el falso yo, todo lo que podemos hacer es medir, comparar, evaluar y etiquetar. Eso es lo que se llama tener pensamiento dualista, y es donde vive nuestro mundo.

Tenemos que socavar esta ilusión desde el principio, y cuando lo hacemos, descubrimos el Verdadero Ser, el Verdadero Yo,  “escondido con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). Nuestro Verdadero Ser en Dios se convierte en nuestra piedra angular.. Nos da un nuevo par de ojos.

Podemos mirar a nuestro alrededor y saber que el mundo está lleno de infinitas imágenes de Dios.

A medida que llegamos a una aceptación más profunda de nuestro verdadero yo, sabemos que nuestra identidad proviene del amor de Dios, no de lo que otras personas piensan o dicen sobre nosotros. 

Con respecto al proceso transformador de descubrir nuestro verdadero yo:

Sabemos que la tentación del ser humano  es de huir y negar no solo la presencia divina, sino nuestro verdadero ser: nuestras almas, nuestro destino interior, nuestra verdadera identidad. Nuestro verdadero yo es esa parte de nosotros que sabe quiénes somos y de quién somos, aunque en gran parte inconscientemente.

Estamos hechos para la trascendencia y los horizontes infinitos, pero nuestro pequeño ego generalmente se interpone en el camino hasta que nos damos cuenta de sus pequeñas preocupaciones y finalmente buscamos una verdad más profunda. Es como la minería de un diamante. Debemos cavar profundo; y, sin embargo, parecemos reacios, incluso temerosos, a hacerlo.

¿Quién removerá la roca? ¿Quién nos ayudará en esta operación minera del Verdadero Yo? ¿Qué se necesita para encontrar mi verdadero yo? ¿Cómo sé siquiera que hay un “diamante inmortal” debajo y detrás de esta roca de mi ego, mi experiencia de vida específica, mi propia cultura?

Hasta ahora, hemos sido impulsados más por la autoridad exterior que atraídos por la autoridad interior tranquila y amorosa (el Espíritu Santo que mora en nosotros) de la oración, la práctica y la experiencia interior. Esto tiene muchas más posibilidades de permitirnos conocer y conocer nuestro verdadero yo. Para todos los propósitos prácticos, este cambio de identidad del yo separado al Yo Verdadero y conectado es el cambio principal —casi sísmico— en la motivación y la conciencia misma que la religión madura correctamente llama conversión. Es el corazón mismo de toda transformación religiosa (“formas cambiantes”).

Sin ella, la religión es principalmente un mero sistema de pertenencia o un mero sistema de creencias, pero no cambia radicalmente nuestra conciencia o motivación.

La clarificación y el redescubrimiento del Verdadero Ser sientan una base sólida y una meta inicial clara para toda religión. No podemos construir ninguna casa espiritual seria si primero no encontramos algo sólido y fundamental sobre lo cual construir, ¡dentro de nosotros mismos!

https://cac.org/daily-meditations/what-is-the-false-self-2023-08-08/ y https://cac.org/daily-meditations/mining-for-an-immortal-diamond-2023-08-07/

El Espíritu De Dios Ora en Nuestros Corazones

El reino de los cielos es como un comerciante en busca de perlas finas; al encontrar una perla de gran valor, fueron y vendieron todo lo que tenían y la compraron.
– Mateo 13:45-46

St. Agustín, después de pasar muchos años infructuosos buscando la verdad fuera de sí mismo, hizo el descubrimiento que le cambió la vida de que lo que estaba buscando estaba dentro de sí mismo: allí en las profundidades de nuestro ser están la verdad, la bondad y el amor. En sus confesiones proclama: “Estabas allí ante mis ojos, pero yo había abandonado incluso a mí mismo y no había encontrado al Dios de mi propio corazón”.
 
La clave del descubrimiento de Agustín fue su comprensión de que el silencio nos revela a Dios como nada más puede. Si viajamos en quietud al centro de nuestro ser, nos dice, encontraremos a Dios “que está más cerca de nosotros que nosotros de nosotros mismos”.
 
Llegó a  un punto para Agustín y, a nosotros como buscadores contemplativos, también, cuando no se pueden encontrar las palabras correctas, o cuando las oraciones conocidas, hermosas perlas en sí mismas, no tocan ningún acorde en nuestro corazón y no nos acercan a Dios. Es entonces cuando simplificamos nuestra oración y pasamos de muchas palabras a pocas palabras y de pocas palabras a una palabra y de una palabra al silencio. En la quietud y el silencio abandonamos todas las palabras y la reflexión y descansamos. Nos ponemos en las manos de Dios, esperamos y escuchamos escuchar el espíritu de Dios orar en nuestros corazones.

La Búsqueda de La Felicidad

El viaje espiritual… lo libera a uno de las limitaciones de buscar la felicidad en actividades egocéntricas. También abre todo el ser a las posibilidades que eran desconocidas…. Desde esta perspectiva, es fácil negociar todo el viaje espiritual porque todo lo que tienes que hacer es aceptarlo. Ya está sucediendo. Nos ha sido comunicado. Ha sido puesto en nuestras manos. Ha sido puesto en nuestras bocas. Ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. ¿Estamos dispuestos a dejar que Dios nos ame con tanta gratuidad inmerecida?”
– Thomas Keating, video de hoy: “’La búsqueda de la felicidad,” Heartfulness: Transformación en Cristo

La fe juega un papel importante en nuestro camino, pero no una fe que resuelva todas las cuestiones; juega un papel mucho más dramático. Thomas Merton le escribió una vez a su amiga Dorothy Day: “Deberíamos temer por nuestra perseverancia porque hay un gran agujero en nosotros, un abismo, y tenemos que caer al vacío, pero el Señor nos atrapará. … El Señor nos alcanzará. Él te atrapará sin falta y te llevará a su Corazón” (El terreno oculto del amor).

Esta es la fe. Y la fe impulsa al buscador a emprender el viaje. Y la sostiene.

https://www.contemplativeoutreach.org/es/course/2-the-pursuit-of-happiness/

El viaje más allá de ti mismo

Después de nuestro encuentro de Pausa y Silencio de 20 minutos usé esta meditación que dura 3 minutos y medio aproximadamente. Fue extraído del libro de Michael Singer, El alma sin ataduras: El viaje más allá de ti mismo.

De La Curación A La Santidad_1

Un punto que deseo tocar hoy es sobre  la metáfora que usa el padre Thomas Keating del terapeuta Divino:

“Dios es como un terapeuta divino”, es lo que sostiene Thomas Keating; está hablando en el lenguaje de la poesía, no de la ciencia. Sin embargo nos  ayuda a entender el proceso que ocurre durante la Oración Centrante. Si se la toma demasiado literalmente o se la lleva demasiado lejos, puede terminar distorsionando el camino que está tratando de iluminar.

Hay que recordar que:

  “La psicoterapia clásica tiene lugar dentro del dominio del funcionamiento egoico; su objetivo es mejorarlo. A través de la terapia, las personas heridas y disfuncionales obtienen la ayuda que necesitan para vivir una vida mejor adaptada y más exitosa. Los egos débiles y dañados ganan autoestima, y los demasiado defendidos aprenden a relajarse y disfrutar del viaje.”

“El trabajo espiritual clásico, sin importar cuál sea la tradición religiosa, se trata de trascender el ego. Busca despertar dentro de una persona algo que se reconozca como “verdadero yo” o Yo superior. Esto no significa necesariamente eliminar el ego, sino más bien desplazarlo como asiento de la propia identidad personal. El proceso es como descubrir que la tierra gira alrededor del sol y no al revés.”

En la versión del viaje espiritual de Keating, cuando uno emprende este viaje para “desmantelar el falso yo”, ¿qué es exactamente lo que se está desmantelando? Y cuando ha sido desmantelado, ¿quién o qué es el yo que queda?

El término falso yo no se origina con Thomas Keating; lo encontrará extensamente en los escritos de Thomas Merton y otros escritores espirituales. Pero casi siempre se usa en un sentido genérico, más o menos sinónimo de funcionamiento egoico en sí mismo. 

Al adaptar el término a su propia enseñanza, Thomas Keating añade un matiz muy significativo. En su versión, el falso yo siempre está herido; surge específicamente como un mecanismo de defensa contra las amenazas y privaciones percibidas durante la infancia y la primera infancia (e incluso en el útero). 

 El falso yo es, por definición, neurótico y, al menos en teoría, es un error prevenible, ya que sus raíces se encuentran en última instancia en las deficiencias de la crianza (ya sea intencional o no). El falso yo de Keating no es solo un funcionamiento del ego per se, sino una función del ego particularmente inadaptada que necesita un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Este uso más restringido del término encaja muy bien con la psicología clásica del desarrollo. Pero inadvertidamente introduce otra posibilidad en la ecuación. Si el falso yo se define como una manifestación distorsionada del ser egoico, entonces la inferencia demasiado obvia es que el verdadero yo sería el ego curado de sus distorsiones y defensas, o en otras palabras, el ego sano.

Si se comete este error, la trascendencia del ego desaparece del cuadro, y “la terapia divina” se convierte simplemente en una vieja terapia. La individualidad trascendente del ego no ocurre. Simplemente  ocurre un funcionamiento egoico elevado. Sucede que disminuyen las partes negativas de los programas del falso yo y por lo tanto se abre la capacidad de abrirse éxito en el mundo.

El “verdadero yo” cuando se describe teológicamente, operativamente implica el cambio a un tipo diferente de conciencia llamada no dual o “unitiva” en la terminología  cristiana clásica, que fluye desde un lugar más profundo dentro de nosotros.

La evolución  de nuestro viaje interior casi siempre comienza a través de un despertar de la conexión con esa conciencia más profunda e ilimitada dentro de nosotros, como ocurre en la práctica de la Oración Centrante.

Pero una vez que se ha experimentado esto, el cambio del yo egoico al yo trascendente o “verdadero” se  lleva a cabo tradicionalmente en el trabajo interior a través del desarrollo de un  observador interior, cuyo propósito es hacer un seguimiento del panorama general y mediar entre estos dos sentidos legítimos pero muy diferentes de la individualidad. El punto principal es cuando trabaje con la metáfora de la terapia divina, es que se tenga en cuenta que el objetivo de esta “terapia” se extiende mucho, mucho más allá de la terapia tal como se ha constituido tradicionalmente. Se trata realmente de la santificación. Es la “terapia” del Misterio de Cristo.

Referencia: Bourgeault, Cynthia. Centering Prayer and Inner Awakening. Cowley Publications, 2004, Chapter 10, From Healing to Holiness p.101-110 

Creación De La Practica De la Oración Centrante como Método Devocional y Psicológico

Método desarrollado específicamente como un diálogo entre el lenguaje clásico del camino espiritual cristiano y los modelos psicológicos contemporáneos.

En la década de los 60 Fr. Keating y los hermanos de la Abadía de St. Joseph en Massachussets, comenzaron a desarrollar una renovación de la oración contemplativa de manera de poder responder a la deserción masiva de católicos  a caminos espirituales orientales. Se basó en el uso de un libro llamado “ La Nube del Desconocimento” de autor anónimo del siglo XIV. 

La Oración Centrante, como se llamó el método, era un método devocional puro y simple. Una forma de profundizar e intensificar la relación con Dios. En ese momento no había ninguna base psicológica.

En el verano de  1983, Fr. Keating organizó el primer retiro Intensivo en La Fundación Lama en San Cristóbal, New Mexico, por un periodo de 2 semanas, en donde se pudiera tener una inmersión profunda.

Los efectos fueron impresionantes al ser expuestos a 5 horas diarias de meditación.     Lágrimas, recuerdos reprimidos, intuiciones profundas, todo mezclado en la superficie, junto con una sensación de catarsis y vínculo entre los 12 participantes .

 Fr. Keating hace referencia de haber visto a las personas pasando en 10 días lo que les hubiera costado 20 años en el monasterio. ¿Qué había sucedido? Fr. Keating se dió cuenta que el método de la Oración Centrante había producido estos efectos.

La Oración Centrante es un método de rendición, o, para describir este mismo movimiento desde un punto de vista psicológico más que un punto de vista teológico, un método receptivo. No implica una concentración sino una relajación de la atención para que ya no haya un foco unidireccional para la mente.

La Psicología Transpersonal estaba en ese momento todavía en su infancia, pero 

desde entonces ha confirmado lo que Keating descubrió a través de observación: cuanto más receptivo es el método de meditación, mayor y más inmediata es la implicación del inconsciente. 

Los métodos concéntrativos, que implican siempre un cierto grado de esfuerzo egoico, tienden a retardar la participación del inconsciente. Los métodos receptivos, por otro lado, lo fomentan, particularmente en una situación de grupo intensivo como el retiro pionero.

Pero el verdadero salto intuitivo de Keating fue reconocer la importancia de esta observación: esta “descarga del inconsciente”, como él la llamaría más tarde, no era un efecto secundario intrascendente, sino un proceso de purificación significativo en el trabajo. De hecho, este fue el vínculo de conexión que había estado buscando durante mucho tiempo, entre la purificación tal como se presenta tradicionalmente en la enseñanza cristiana (como una reprogramación de la motivación consciente, o la lucha contra el pecado), y la realización de la psicología contemporánea que tal reprogramación va sólo superficialmente y, de hecho, puede causar graves daños si se utiliza para la represión y la negación de los impulsos inconscientes. “La verdadera ascesis es la purificación de los motivos inconscientes”, había argumentado Keating durante mucho tiempo, pero ¿cómo llegar a ellos? Con la Oración Centrante como catalizador del inconsciente, encontró su herramienta y su paradigma.

Así, la Oración Centrante renació no sólo como un método devocional sino también psicológico. En la década que siguió a ese primer retiro de Lama, reconociendo la necesidad de proporcionar apoyo y un marco conceptual para las crecientes filas de practicantes de Oración Centrante, Keating produjo la primera cinta de 24 serie de videos, luego una serie de libros: Mente Abierta, Corazón Abierto (1986), El Misterio de Cristo (1987), Invitación al Amor (1992) e Intimidad con Dios (1994), en las que despliega una visión cada vez más cohesiva y sutil del “viaje espiritual” cristiano: el camino de la sanación interior y la transformación que comienza cuando uno adopta una práctica regular de la Oración Centrante.

Hoy día, es por esta enseñanza que es principalmente conocido  y sobre la que descansa su enorme popularidad como maestro espiritual. En sus palabras, “El Método de la Oración Centrante se desarrolló específicamente como un diálogo entre los modelos psicológicos contemporáneos y el lenguaje clásico del camino espiritual cristiano”.

En una síntesis ambiciosa e innovadora, Keating entrelaza la sabiduría tradicional de Tomás de Aquino, Teresa de Ávila y Juan de la Cruz con las ideas contemporáneas de Ken Wilber, Michael Washburn, Jean Piaget e incluso el Método de los Doce Pasos de los Alcohólicos Anónimos. El resultado es un paradigma psico-espiritual integral que comienza en la herida y termina, si una persona está dispuesta a llevarlo tan lejos, en la unión transformadora. Él lo llama la Terapia Divina.

Referencia: Bourgeault, Cynthia. Centering Prayer and Inner Awakening. Cowley Publications, 2004, p.91-99.