El Reino de los Cielos está entre nosotros

El Reino de los Cielos

Material extraído del libro Jesús de la Sabiduría escrito por Cynthia Bourgeault

         Uno de los libros más importantes aparecidos recientemente es “Putting on the Mind of Christ”, escrito por Jim Marion, quien, sorprendentemente, no es un teólogo, sino un abogado de Washington. El título en sí mismo es toda una declaración. “Revestirse de la mente de Cristo” es una referencia directa al poderoso mandato de san Pablo en Filipenses 2,5: “Permitid que vuestra mente sea la misma que la que está en Cristo Jesús”. Las palabras nos aproximan directamente a lo que deberíamos hacer en este camino: no solo admirar a Jesús, sino adquirir su consciencia.

         Es cierto que durante la mayor parte de los últimos 1600 años, el cristianismo ha puesto mucho más énfasis en las cosas que sabemos acerca de Jesús. En el capítulo anterior he hablado sobre cómo la palabra ortodoxo ha sido interpretada como “la creencia correcta”. Además del evidente requisito de saber en qué consisten esas creencias y de estar de acuerdo con ellas, lo ortodoxo conlleva un mensaje subliminal: un camino adecuado para relacionarse con Jesús es a través de una serie de creencias. En el cristianismo fundamentalista este mensaje tiende a ser más acentúa-do, hasta el punto de que la fe se reduce a firmar un documento con una declaración de creencias. Creer en Jesús se equipara a creer cosas acerca de él.

         Pero esto no es lo que ocurría en la Iglesia primitiva. Y, desde luego, no puede seguirse este camino si lo que perseguimos es entrar en una relación viva con un maestro de sabiduría. El libro de Jim Marion nos reconduce al terreno adecuado, al principal reto al que el cristianismo debería invitarnos. Porque, verdaderamente, ¿cómo podemos ponernos en la mente de Cristo? ¿Cómo podemos ver a través de sus ojos? ¿Cómo podemos sentir a través de su corazón?¿Cómo podemos actuar ante el mundo con el mismo amor integral y sanador? Esta es, en verdad, la ortodoxia cristiana. No se trata de la creencia correcta sino de la práctica correcta. 

         Marion se acerca a esta cuestión desde una perspectiva muy curiosa. Observa que, en sus enseñanzas, Jesús utiliza de manera repetida una expresión en particular: “El Reino de los Cielos”. Podemos comprobar esto fácilmente si echamos un vistazo rápido a los Evangelios. Estas palabras nos saldrán al encuentro por todas partes. El Reino de los Cielos es así”, “el Reino de los Cielos se asemeja a”, “el Reino de los Cielos está entre vosotros”, “el Reino de los Cielos está cerca”. Sea lo que sea este Reino de los Cielos, es de una importancia fundamental para lo que Jesús está tratando de enseñarnos.

         Entonces, ¿qué interpretación le damos? Los expertos de la Biblia han debatido esta cuestión casi desde que existen los estudios bíblicos. Muchos cristianos, particularmente los de la ideología evangélica, asumen que el Reino de los Cielos es un lugar al que vamos cuando morimos, si hemos sido buenos. Pero el problema con esta interpretación es que el mismo Jesús la contradice específicamente cuando dice: “El Reino de los Cielos está entre vosotros” (esto es, aquí) y “cerca” (esto es, ahora). No se trata de algo que llegará más tarde, sino de una cualidad, o dimensión de experiencia, más sutil, accesible para ti justo en este momento. Tú no mueres para entrar en él si no que despiertas a él.

El otro enfoque que se ha intentado de manera sistemática es el de equiparar el Reino de los Cielos con una utopía aquí en la Tierra. El Reino de los Cielos sería como un reino de paz y justicia, donde los seres humanos viven juntos en armonía y con una justa distribución de sus bienes. Durante miles de años, profetas y visionarios han luchado para materializar sus versiones de este segundo tipo de Reino de los Cielos, pero de alguna manera estas utopías en la Tierra no parecen estar llamadas a pervivir mucho tiempo. Y aquí, de nuevo, encontramos que Jesús rechazó específicamente este significado. Cuando sus seguidores quisieron proclamarle como el Mesías, el rey de Israel divinamente ungido que vendría a instaurar el reino de la justicia de Dios en la Tierra, Jesús se escandalizó con todo aquello y dijo, de forma firme e inequívoca: “Mi reino no es de este mundo”.

¿De dónde es, entonces? La sugerencia maravillosamente perspicaz y contemporánea de Jim Marion es que el Reino de los Cielos es realmente una metáfora de un estado de consciencia: no un lugar al que vayamos, sino el lugar del que venimos. Es una forma completamente nueva de ver el mundo, pues se refiere a una consciencia transformada que, literalmente, convierte a este mundo en un lugar diferente. Marion sugiere específicamente que el Reino de los Cielos es la manera preferida de Jesús de describir un estado de consciencia al que hoy en día nos referimos como “consciencia no dual” o “consciencia unitiva. La característica distintiva de este tipo de consciencia es que no ve separación ni entre Dios y los seres humanos, ni entre unos seres humanos y otros. Y estas son verdaderamente las dos enseñanzas nucleares de Jesús, que subyacen en todo lo que dice y hace.

         Cuando Jesús habla acerca de esta Unión, no está hablando de la unidad del ser en términos orientales, expresada como “yo soy de por sí divino”7. Más bien, lo que tiene en mente es una completa, mutua comunión: Yo soy en Dios, Dios es en ti, tú eres en Dios, nosotros estamos el uno en el otro. El símbolo más bello que utiliza para esto lo encontramos en Juan 15 cuando dice: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. Permaneced en mí y yo en vosotros”. Unos versículos después, dice: “Como el Padre me amó, yo os he amado. Permaneced en mi amor”. Cuando él afirma que “el Padre y yo somos uno” (Jn 10,30), una declaración tan blasfema para los oídos judíos que casi le lleva a ser lapidado, él no lo ve como un privilegio exclusivo sino como algo que comparte con todos los seres humanos. No hay separación entre los seres humanos y Dios por esta mutua cohabitación que manifiesta la indivisible realidad del amor

 Divino. Fluimos en Dios, y Dios en nosotros, porque es propio de la naturaleza del amor el fluir. Y en la medida que nos entregamos unos a otros de esta manera,

la viña da vida y coherencia a los sarmientos, mientras que los sarmientos hacen visible lo que la viña es. (Al fin y al cabo, la vid no es más que una mera abstracción, pero lo que realmente existe son los sarmientos, que conforman una realidad). La totalidad y la parte conviven juntas en mutua y amorosa reciprocidad, cada una perteneciendo a la otra y dependiendo de la otra para poder manifestar la plenitud del amor. Esta es la visión de Jesús de no separación entre el ser humano y la Divinidad.

         La no separación entre los seres humanos es una idea poderosa e igualmente retadora. Una de las enseñanzas más conocidas de Jesús es Ama al prójimo como a ti mismo. Pero casi siempre lo hemos escuchado de forma errónea. Escuchamos Ama a tu prójimo tanto como a ti mismo (y, por supuesto, llega la siguiente pregunta: “Pero primero tendré que amarme a mí antes de poder amar a mi prójimo ¿no?. Sin embargo, si escuchas de cerca la enseñanza de Jesús no dice por ninguna parte “tanto como”. Simplemente dice “Ama a tu prójimo como a ti mismo, es decir, como una continuación de tu propio ser. Es el reconocimiento absoluto de que tu vecino y tú sois lo mismo. No hay dos individuos, uno que busca mejorar a costa de otro, o uno que quiere ser caritativo con el otro; simplemente hay dos células de una Vida más grande. Cada una de ellas es igualmente preciosa y necesaria. Y en la medida que estas dos células fluyen una en la otra y experimentan esta Vida desde el interior, descubren que “entregar la vida de uno por el otro no es una pérdida de uno mismo sino una vasta extensión de sí mismo, porque la indivisible realidad del amor es el único Ser Verdadero

Estos son los puntos nucleares de una enseñanza absolutamente radical, no solo a años luz de su tiempo sino también del nuestro. Para mostrar cuánta es esta distancia, Jim Marion hace buen uso de un esquema lanzado por primera vez por uno de los más grandes filósofos de nuestra era: Ken Wilber. Wilber  enseña que la conscencia humana se despliega a través de un continuo58 de nueve niveles desde la consciencia arcaica de la infancia y de los pueblos de la temprana edad de Piedra hasta los más altos estados de consciencia de la no-dualidad, la completa iluminación del Ihidaya (el “Unificado”) de la que hablamos en el capítulo anterior. En tiempos de Jesús la mayoría de las personas estaban en un nivel tres, o de consciencia “míitica”; su sentido de la identidad estaba orientado colectivamente hacia la pertenencia a un grupo tribal específico. Hoy en día un gran número de personas ha alcanzado el nivel cuatro, o nivel de la consciencia “racional”, y algunos incluso el nivel cinco, o “visión lógica” (si bien cuando están presionadas por el miedo o la incertidumbre, la mentalidad grupal más primitiva todavía vuelve a reafirmarse rápidamente). Así que podemos ver el desafío que esto supone, tanto entonces como hoy en día. Según Jim Marion, Jesús viene como un maestro de la consciencia no dual -probablemente el primero que se ve en la civilización occidental- llamando a una radical transformación de consciencia, al menos seis niveles por encima de aquel en el que se encontraban, y todavía cuatro o cinco niveles por encima del nivel en que estamos nosotros. ¡Hasta este punto es difícil de captar la sutileza de sus enseñanzas!

Pero el hecho de que él hiciera esto (y que continúe haciéndolo en la medida en que aprendemos a abrirnos a su presencia constante nos sugiere que esta transformación no es solo posible sino que, de hecho, está concebida para los seres humanos. Y, además, debe de haber algo en la propia enseñanza que permite pasar por esos niveles de forma rápida en progresión geométrica más que en progresión lineal. Como diría Jesús: “Ven y ve”. En todo caso, el Reino de los Cielos es su metáfora favorita para una vida vivida desde esta consciencia transformada. Es el mundo que creas cuando miras con el ojo de la Unicidad. Y en verdad existe. No es solo una metáfora, sino la transfiguración de este reino por el poder de la Unidad.

Referencia: 

Cynthia Bourgeault. El Jesús de la Sabiduría. Capítulo 3. Pag.68-74. Editorial Nous. 2021

Jim Marion. Putting on the Mind of Christ. The Inner Work of Christian Spirituality [Revestirse de la mente de Cristo. El sendero interior de la espiritualidad cristiana] (Charlottesville, Virginia: Hampton Roads.2000

Un Ejemplo del Camino de la Sabiduría y del Camino de Amar. -Ejemplo de Transformación

Uno de los ejemplos  hermosos de la transformación de la sabiduría es cuando comenzamos a aprender a reemplazar la conversación binaria con la amplitud de la conversación en mosaico.

A menudo, no nos damos cuenta de hasta qué punto llevamos a la conversación cotidiana la suposición de que para que una persona tenga razón, la otra debe estar equivocada. Como resultado, contrarrestamos los puntos de vista de otros con una respuesta sutil, si no abierta, que busca reemplazar su punto de vista por el nuestro. Vamos de un lado a otro, como en un partido de tenis, y cada uno de nosotros controla discretamente quién ganó ese punto y cómo avanza el partido. Sin embargo, a diferencia del tenis, donde las reglas de enfrentamiento son claras y los participantes han aceptado lo que constituye ganar y perder, en nuestras conversaciones no hay reglas de enfrentamiento claras y nadie está obligado a reconocer la derrota, por lo que la discusión a menudo termina en un punto muerto que sirve para fortalecer a cada uno en la convicción de su propia posición y dejar la relación entre los contendientes incómoda, irresuelta y sintiéndose distante y desconectada.

En lugar de suponer que para que uno sea “correcto” el otro debe estar “equivocado”, podemos suponer que es posible que dos o más observaciones aparentemente contradictorias sobre la realidad sean verdaderas al mismo tiempo.

¿Cómo es esto posible? Se vuelve posible y obvio cuando reconocemos que hay muchos puntos de entrada a la búsqueda de la verdad, como muchas facetas de un diamante. Cada uno nos llevará a una perspectiva diferente de la verdad y cada uno tiene un derecho de validez. Al igual que el elefante proverbial que el ciego percibe como áspero y peludo cuando le toca la espalda y suave y terso cuando el ciego le toca la oreja, ambas afirmaciones son correctas, sólo que incompletas. La verdad es como un mosaico en el que cada persona aporta una pieza. No está completo hasta que se aportan todas las piezas y encuentran un lugar en la imagen, es decir nunca: siempre hay espacio para una más. Este es un ejemplo del principio de no dualismo, que es un principio básico de la manera de ver las cosas de la Sabiduría.

Nos escuchamos con curiosidad y apertura mientras se nos ofrece una visión de algunas piezas del mosaico que nunca antes habíamos considerado. Jugamos con la forma en que las piezas encajan, cambiándolas entre sí de múltiples maneras. Debido a que confiamos en que lo que decimos será aceptado y no juzgado, nos encontramos arriesgando nuevas perspectivas que nunca antes nos habíamos atrevido a considerar. Y como nunca buscamos contradecirnos, la palabra “pero” adquiere un significado diferente. En lugar de implicar “Lo que voy a decir contradice lo que acaba de decir”, simplemente significa “Aquí hay una pieza más para agregar a la imagen”. Los conversadores de sabiduría describen esto como “pensamiento y/o ambos”. Me gusta pensar en ello como “pensamiento arcoíris”. En lugar de limitar nuestro pensamiento a la suposición de que sólo se ve en términos de blanco y negro, permitimos que se abra  un arco iris de posibilidades que no tiene fin en sutilezas y facetas.

El resultado de este enfoque en los círculos de conversación sobre sabiduría es que la discusión nos acerca más, en lugar de construir un muro entre nosotros. Salimos sintiéndonos más conectados unos con otros, sintiendo que todos somos, como las piezas del mosaico de nuestra discusión, parte de algo mucho más grande que nosotros mismos. Esto es un principio básico de la transformación de la Sabiduría. Lo que he descrito hasta ahora puede denominarse “la forma sabia de ver o de conocer” o pudiéramos expresarlo como “el Camino de la Sabiduría de Conocer”.

Ahora bien, ¿Cuál es el Camino Sabiduria de Amar? A medida que interactuamos unos con otros de esta manera abierta y sin prejuicios, no sólo se abren nuestras mentes, sino también nuestros corazones. Debido a que nos sentimos escuchados y en lugar de contradecirnos o descartarnos, llegamos a confiar cada vez más unos en otros y queremos construir nuestras relaciones. Y como nos escuchamos unos a otros y nos esforzamos por ver el mundo a través de los ojos de los demás, en realidad sentimos más compasión unos por otros. A medida que crecen la confianza y el respeto mutuos, a pesar de las diferencias, poco a poco se convierten en una celebración de las diferencias y en un aprecio mutuo; en otras palabras, en el amor incondicional. Y a medida que la capacidad de amor incondicional se extiende por todo el grupo, nuestra tendencia a juzgarnos a nosotros mismos se reduce al mismo tiempo que nuestra tendencia a juzgarnos unos a otros. Esta reducción del juicio sobre uno mismo conduce al coraje de asumir más riesgos al compartir nuestra autenticidad unos con otros en una espiral continua de reducción del juicio hacia nosotros mismos y hacia los demás y un aumento de la capacidad de amor incondicional. Así, los principios de nuestra bondad básica y de nuestra interconexión que son fundamentales para el Camino de la Sabiduría de Conocer se afirma en forma vivencial y se convierte en el Camino de la Sabiduría de Amar. Nuestra experiencia afirma que cuando el acceso a nuestro corazón no está bloqueado por todas las defensas que levantamos para protegernos, naturalmente buscamos conexión y sentimos compasión unos por otros. Cuando ya no nos sentimos aislados, vulnerables y separados, podemos sentir la realidad de nuestra interconexión.

Suena muy parecido a la enseñanza básica de Jesús, ¿no es así? Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Sólo que en lugar de ser un principio moral, un “debería” por el que debemos trabajar, se convierte en el resultado natural de la transformación de la Sabiduría porque el mecanismo está integrado. Así es como estamos hechos. Sólo tenemos que acceder a él.

Concept of Wisdom

Cynthia Bourgeault says that: “Wisdom is not knowing more but knowing more about oneself”. This opens a fundamental redirection of our efforts to know and understand the meaning and purpose of life. Before, we’ve relied on our rational-thinking brains to tackle life’s big questions. But with the work of Wisdom comes the use of our hearts and our bodies as well.

Wisdom is deeper than any religious expression in a real sense. It is rather the deep undercurrent that connects all the religions of the world and from which flows from the subterranean spring of unitive reality.

Perhaps we can say that Wisdom does not represent the what in terms of the content of a particular belief system, but rather the how in terms of the way things are expressed when they descend to the level of the unitive. However, instead of being linked exclusively to any religious system, the Wisdom is explicitly interfaith. But the depth that marks this Wisdom is qualitatively different from what is found near and above the surface. There, on the surface, the various spiritual traditions are distinguished by significant differences in beliefs, rituals, and theologies. But in the depths of Wisdom all come together through the unitive understanding that unites all life into one profound whole.

As Christians, we could affirm that our religion provides that place where Wisdom comes from. We can have a deep sense that Jesus himself embodied this, Wisdom. In fact, the main title given to Jesus was that of moshelim, that is, a teacher of Wisdom, and he taught in mashal, that is, parables and sayings of Wisdom. He himself seemed the embodiment of Wisdom, moving through life with a heart full of compassion, generosity, and love. However, not everyone caught on to his actions or his teachings. Some of his listeners got it, but the vast majority didn’t. Even the people, who sometimes seemed to get the message he was conveying, were not always able to maintain this understanding.

Jesus, the teacher of Wisdom, does not implore his listeners to be better and more upright citizens; if not, he tries to convince them and begs them to wake up. He never preached a morally upright life to be lived in this life to gain entrance to heaven in the next life. On the contrary, he invited his listeners to realize that the kingdom of heaven is right here, in the present moment.

The friends and followers who seemed to pick up on the Wisdom of the master seemed to have done so because their level of being was raised, at least temporarily, to a point where they could resonate with the frequency of the Wisdom he was teaching and passing on and his truth touched the depths of their hearts. In addition, their presence provided them with a kind of divine alchemy that led to a generalized sense of togetherness. Through this experience they were transformed from the inside out.

Opening to the full depth of Gospel Wisdom requires the receptivity of a certain state of mind or a certain state of being. Without that, the Wisdom of Jesus cannot be received. When you pass into the deep truths of the Wisdom of Jesus only through the small mind, all you get is a deeper consolidation in what you already believed without the accompanying transformation occurring.

This understanding has been tragically overlooked in the West. Beginning with the doctrinal controversies of the third and fourth centuries, the Church has made our faith a matter of mental belief, and our tradition has become overly influenced by creeds and doctrinal statements of belief and not guided by the actual spiritual truth that is born of the experience.

Therefore, the work of Wisdom is an effort to return to the essential foundations of our Christian faith experience.This does not mean that we ignore, deny or underestimate grace, but rather that we must be instruments of reception and transmission of God’s love.

The kingdom that Jesus speaks of requires that we employ a new operating system that can perform operations of an entirely different order. When this system is in operation a whole new way of seeing is possible and where our being can be accessed at a much higher level. We can call this new system the operating system of the heart.

The work of Wisdom involves growing beyond our small minds into our larger minds, or our hearts. Therefore, the work of Wisdom is not to cancel the egoic operating system of the smaller mind, it is rather to help us develop the operating system of the heart of the larger mind, which we already have but which is in a dormant form, and to achieve the integration of these two systems in our being.

[1] Cynthia Bourgeault, An Introductory Wisdom School: Course Transcript and Companion Guide (Wisdom Way of Knowing: 2017), 2.

[2]William Redfield. Notes from the program From Self to Other. September 18, 2022 

https://www.williamredfield.com

Concepto de Sabiduría

Cynthia Bourgeault dice que: “La sabiduría no es saber más sino saber más de uno mismo”. Esto nos abre una redirección fundamental de nuestros esfuerzos por conocer y comprender el significado y el propósito de la vida. Con anterioridad, hemos confiado en nuestro cerebro de pensamiento racional para abordar las grandes preguntas de la vida. Pero con el trabajo de Sabiduría se añade el uso de nuestros corazones y nuestros cuerpos también.

La Sabiduría es más profunda que cualquier expresión religiosa en un sentido real. Es más bien la corriente subterránea profunda que conecta todas las religiones del mundo y de la cual fluye desde el manantial subterráneo de la realidad unitiva.

Tal vez podamos decir que la Sabiduría no representa el qué en términos del contenido de un sistema de creencias en particular, sino más bien el cómo en términos de la forma en que las cosas se expresan cuando descienden al nivel de lo unitivo. De todos modos, en lugar de vincularse exclusivamente con cualquier sistema religioso, la Sabiduría es explícitamente interreligiosa. Pero la profundidad que marca esta Sabiduría es cualitativamente diferente de lo que se encuentra cerca y por encima de la superficie. Allí, sobre la superficie, las diversas tradiciones espirituales se distinguen por diferencias significativas en creencias, rituales y teologías. Pero en las profundidades de la Sabiduría todos se unen a través de la comprensión unitiva que une toda la vida en una totalidad profunda.

Como cristianos, podríamos afirmar que nuestra religión proporciona ese lugar de dónde viene la Sabiduría. Podemos tener la profunda sensación de que Jesús mismo encarnó esta Sabiduría. De hecho, el título principal que se le dio a Jesús fue el de moshelim, es decir, un maestro de Sabiduría, y enseñó en mashal, es decir, parábolas y dichos de Sabiduría. El mismo parecía la personificación de la Sabiduría, moviéndose por la vida con un corazón lleno de compasión, generosidad y amor. Sin embargo, no todos captaron sus acciones o sus enseñanzas. Algunos de sus oyentes lo entendieron, pero la gran mayoría no. Incluso la gente, que a veces parecía captar el mensaje que estaba transmitiendo, no siempre fue capaz de mantener este entendimiento.

Jesús, el maestro de la Sabiduría, no implora a sus oyentes que sean mejores y más rectos ciudadanos; sino, les trata de convencer y les suplica que despierten. Nunca predicó una vida moral recta para ser vivida en esta vida a fin de ganar la entrada al cielo en la próxima vida. Por el contrario, invitaba a sus oyentes para que se dieran cuenta que el reino de los cielos está aquí mismo, en el momento presente.

Los amigos y seguidores que parecían captar la Sabiduría del maestro parecían haberlo hecho porque su nivel de ser se elevó, al menos temporalmente, a un punto en el que podían resonar con la frecuencia de la Sabiduría que él estaba enseñando y transmitiendo y su verdad tocó lo más profundo de sus corazones. Además, su presencia les proporcionó una especie de alquimia divina que los llevó a un sentido de unión generalizado. A través de esta experiencia fueron transformados de adentro hacia afuera.

La apertura a toda la profundidad de la Sabiduría del Evangelio requiere la receptividad de un cierto estado mental o un cierto estado de ser. Sin eso, la Sabiduría de Jesús no puede ser recibida. Cuando pasas a las profundas verdades de la Sabiduría de Jesús solo a través de la mente pequeña, todo lo que obtienes es una consolidación más profunda en lo que ya creías sin ocurrir la transformación que le acompaña.

Este entendimiento ha sido trágicamente pasado por alto en Occidente. Comenzando con las controversias doctrinales de los siglos tercero y cuarto, la Iglesia ha hecho de nuestra fe una cuestión de creencia mental, y nuestra tradición se ha vuelto excesivamente influenciada por credos y declaraciones doctrinales de creencia y no guiada por la verdad espiritual real que nace de la experiencia.

Por lo tanto, el trabajo de Sabiduría es un esfuerzo para regresar a los fundamentos esenciales de la experiencia de nuestra fe cristiana. Esto no quiere decir que ignoremos, neguemos o subestimamos la gracia, sino que debemos de ser instrumentos de recepción y transmisión del amor de Dios.

El reino del que habla Jesús requiere que empleemos un nuevo sistema operativo que pueda realizar operaciones de un orden completamente diferente. Cuando este sistema está en funcionamiento es posible una forma completamente nueva de ver y donde se puede acceder al ser de uno a nivel mucho más alto. Este nuevo sistema lo podemos llamar el sistema operativo del corazón.

 El trabajo de Sabiduría implica crecer más allá de nuestras mentes pequeñas para entrar en nuestras mentes más grandes o sea nuestros corazones. Por lo tanto, el trabajo de la Sabiduría no es cancelar el sistema operativo egoico de la mente más pequeña, es más bien ayudarnos a desarrollar el sistema operativo del corazón de la mente más grande, que ya tenemos pero que se encuentra en forma adormecida, y de lograr la integración de estos dos sistemas en nuestro ser.

[1] Cynthia Bourgeault, An Introductory Wisdom School: Course Transcript and Companion Guide (Wisdom Way of Knowing: 2017), 2.

[2] William Redfield. Notes from the program From Self to Other. September 18, 2022 

https://www.williamredfield.com

Learning to Letting Go with Centering Prayer

Learning to Let Go

Centering Prayer is a devotional practice, placing ourselves in God’s presence and quieting our minds and hearts, but as Cynthia Bourgeault explains, it doesn’t only work on that level. What the desert abbas and ammas, the author of the Cloud of Unknowing, and even Thomas Keating could not have known when he formally started teaching the practice five decades ago, was that it works on a physiological level as well, strengthening neural pathways, and making “letting go” that much easier. When it comes to releasing our strong preferences, especially our desire for power and control, it seems safe to say that some practice of kenosis is necessary for any movement forward. 

The theological basis for Centering Prayer lies in the principle of kenosis, Jesus’s self-emptying love that forms the core of his own self-understanding and life practice. . . .

The gospels themselves make clear that [Jesus] is specifically inviting us to this journey and modeling how to do it. Once you see this, it’s the touchstone throughout all his teaching: Let go! Don’t cling! Don’t hoard! Don’t assert your importance! Don’t fret. “Do not be afraid, little flock, it is your Father’s good pleasure to give you the kingdom!” (Luke 12:32). And it’s this same core gesture we practice in Centering Prayer: thought by thought by thought. You could really summarize Centering Prayer as kenosis in meditation form. . . .

Fascinating confirmation that kenosis is indeed an evolutionary human pathway is emerging from—of all places—recent discoveries in neuroscience. From fMRI data collected primarily by the California-based HeartMath Institute, you can now verify chapter and verse that how you respond to a stimulus in the outer world determines which neural pathways will be activated in your brain, and between your brain and your heart. If you respond with any form of initial negativity (which translates physiologically as constriction)—freezing, bracing, clinging, clenching, and so on—the pathway illumined leads to your amygdala (or “reptilian brain,” as it’s familiarly known) . . . which controls a repertory of highly energized fight-or-flight responses. If you can relax into a stimulus—opening, softening, yielding, releasing—the neural pathway leads through the more evolutionarily advanced parts of your forebrain and, surprisingly, brings brain and heart rhythms into entrainment. . . .

Every time we manage to let go of a thought in Centering Prayer, “consenting to the presence and action of God within,” the gesture is actually physically embodied. It’s not just an attitude; something actually “drops and releases” in the solar plexus region of your body, a subtle but distinct form of interior relaxation. . . . And in time, this gentle and persistent “inner aerobics,” undertaken under the specific banner of Centering Prayer and in solidarity with Jesus’s own kenotic path, will gradually establish that “mind of Christ” within you as your own authentic self.

We invite you to spend some time today practicing “letting go” through Centering Prayer or another practice of kenosis.

Cynthia Bourgeault, The Heart of Centering Prayer: Nondual Christianity in Theory and Practice (Shambhala: 2016), 33, 34, 35–36.

Richard Rohr’s Daily Meditation.

Good and Bad Power

August 8 – August 13, 2021

Differences Between Contemplation and Meditation

Differences between Contemplation and Meditation.

Contemplation in it, has a wonderful dimension, a prayer meaning, that you are called from the other side. You are not the active agent. You are dancing with an invisible partner, but you are not dancing solo and you are not doing it.

Contemplation on the traditional way in the orthodox branch of Christianity it is being absorbed more and more deeply.  An sample or an image, when you worship with an icon and you are looking at the eye balls of Jesus and all of the sudden you have the feeling distinct that Jesus is looking at you, and then you and the icon disappears, and then you drop at some kind of portal at the cave of your heart.

Contemplation is a relational event that drops you finally into that deeper level of being absorbed in something that your mind cannot comprehend and get in top by itself.

Your practice cannot get on top, but you are met and that is the shade of difference.

Oneness, Session 3: The Secret Embrace – Thomas Keating’s Poetry, with Cynthia Bourgeault

1:08:34. To 1:10:30

Mystical Hope

Mystical Hope   
Thursday,  April 16, 2020

Hope is the main impulse of life. —Ilia Delio, OSF [1]

Because we are so quickly led to despair, most of us cannot endure suffering for long without some sliver of hope or meaning. However, it is worth asking ourselves about where our hope lies. My friend and colleague Cynthia Bourgeault makes a powerful distinction between what she calls ordinary hope, “tied to outcome . . . . an optimistic feeling . . . because we sense that things will get better in the future” and mystical hope “that is a complete reversal of our usual way of looking at things. Beneath the ‘upbeat’ kind of hope that parts the seas and pulls rabbits out of hats, this other hope weaves its way as a quiet, even ironic counterpoint.” She writes,

We might make the following observations about this other kind of hope, which we will call mystical hope. In contrast to our usual notions of hope:

  1. Mystical hope is not tied to a good outcome, to the future. It lives a life of its own, seemingly without reference to external circumstances and conditions.
  2. It has something to do with presence—not a future good outcome, but the immediate experience of being met, held in communion, by something intimately at hand.
  3. It bears fruit within us at the psychological level in the sensations of strength, joy, and satisfaction: an “unbearable lightness of being.” But mysteriously, rather than deriving these gifts from outward expectations being met, it seems to produce them from within. . .

[It] is all too easy to understate and miss that hope is not intended to be an extraordinary infusion, but an abiding state of being. We lose sight of the invitation—and in fact, our responsibility, as stewards of creation—to develop a conscious and permanent connection to this wellspring. We miss the call to become a vessel, to become a chalice into which this divine energy can pour; a lamp through which it can shine. . . .

We ourselves are not the source of that hope; we do not manufacture it. But the source dwells deeply within us and flows to us with an unstinting abundance, so much so that in fact it might be more accurate to say we dwell within it. . . .

The good news is that this deeper current does exist and you actually can find it. . . . For me the journey to the source of hope is ultimately a theologicaljourney: up and over the mountain to the sources of hope in the headwaters of the Christian Mystery. This journey to the wellsprings of hope is not something that will change your life in the short range, in the externals. Rather, it is something that will change your innermost way of seeing. From there, inevitably, the externals will rearrange. . . . 

The journey to the wellsprings of hope is really a journey toward the center, toward the innermost ground of our being where we meet and are met by God.
[1] Delio, Ilia, “Hope in a Time of Crisis,” The Omega Center, March 9, 2020, www.omegacenter.info/hope-in-a-time-of-crisis/ 

Adapted from Cynthia Bourgeault, Mystical Hope: Trusting in the Mercy of God (Cowley Publications: 2001), 3, 5, 9-10, 17, 20, 42. 
https://email.cac.org/t/ViewEmail/d/BEBFF876C5C032E02540EF23F30FEDED/01F5CC100F253DFD0F8C96E86323F7F9

Richard Rohr’s Daily Meditation

From the Center for Action and Contemplation

Fr. Thomas Keating: Reflection From Cynthia Bourgeault

From Cynthia Bourgeault:
Fr. Thomas Keating and Cynthia Bourgeault

Thomas Keating has been my teacher, friend, and spiritual mentor for more than thirty years. It is he who laid the spiritual foundations of both my teaching and my practice and who launched me on my own path as a spiritual teacher and writer. He will be remembered as one of the giants of contemporary contemplative spirituality, not only for his groundbreaking work in Centering Prayer—which made contemplation truly accessible to Christian lay people for the first time—but also for the breadth and depth of his interspiritual vision, which kept growing in luminosity and compassion right up to his very last breath. I have never witnessed a more triumphant and powerful conscious death, modeling for us all the wingspan of spirit that can dwell in a life courageously and recklessly tossed to the winds of God.

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Seeing with the Eye of the Heart: The Contemplative Way of Knowing”

“Seeing with the Eye of the Heart: a.k.a: The Contemplative Way of Knowing”
Nowadays people tend to hear the word “contemplative” as simply the Christian equivalent of what most the world knows as “meditation” —i.e., stilling the mind and resting in the flow of consciousness. But in the original understanding of the early Church Fathers, contemplation was primarily a way of luminous knowledge— “knowledge impregnated by love,” as St. John Chrysostom famously characterized it. Cynthia’s talk will explore this profound Christian intuition that contemplation is indeed a way of knowing—in fact, arguably the closest equivalent to what we now call Nondual perception. Drawing on insights from the Hesychastic Tradition of the Christian East as well as the Western medieval spiritual classic The Cloud of Unknowing Cynthia will explore what is arguably the key Western contribution to our understanding of Nonduality: that it is not accessed by the mind alone (mind understood here as “brain”), but requires “putting the mind in the heart,” an instruction to be taken not merely as a metaphor but as an actual physiology of transformation. We will see why indeed—in the memorable words of Antoine de Saint Exupery—that “It is only with the heart that one can see rightly; what is essential is invisible to the eye.”

Seeing With the Heart: Video Conversation with A LIVE online community conversation with Cynthia Bourgeault facilitated by Vera de Chalambert, part of the Science and Nonduality Emergence Series – Recorded April, 29th 2017

The Heart of Centering Prayer

The Heart of Centering Prayer (audio teaching by Cynthia Bourgeault)

The following audio teaching was recorded at an event presented by the Cathedral of St. Philip and Contemplative Outreach Atlanta, on March 17, 2018

Cynthia presented on her book The Heart of Centering Prayer. This day-long conference included lectures, discussion and question & answer, and time for centering prayer itself.

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