Diferentes Niveles y Etapas de Crecimiento Espiritual

Muchos de nuestros problemas pueden resolverse si entendemos que las personas se encuentran en diferentes niveles y etapas de crecimiento espiritual. La importancia de los niveles de desarrollo ha llegado a ser reconocida por profesores tan diversos como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Jean Piaget, Lawrence Kohlberg, Abraham Maslow, James Fowler, Clare Graves, Ken Wilber y Bil Plotkin. Algunos hablan de seis niveles, otros de ocho y otros de diez, pero en general se mueven en un sentido muy similar y comparten muchos puntos en común sobre lo que entendemos por maduración y crecimiento humanos.

Tomás de Aquino (I225-1274) dijo: “Todo lo que recibimos lo recibimos según la manera del receptor.” Muchas veces cualquier cosa que se enseñe será escuchada en muchos niveles diferentes, de acuerdo con la madurez psicológica y espiritual interna del oyente. Por ejemplo, Jesús estaba enseñando lo mismo en su parábola de los cuatro diferentes tipos de tierra que recibieron la semilla (ver Mateo 13:4-9).

“El sembrador sale a sembrar; unos granos caen cerca del camino; vienen las aves y se los comen. Otros granos caen entre piedras y, como hay poca tierra, brotan pronto. Pero el sol los quema y por falta de raíces se secan. Otros granos caen entre espinas, crecen las espinas y los ahogan. Otros, finalmente, caen en buena tierra y producen unos el ciento, otro el sesenta, y otro el treinta por uno. El que tenga oídos, que entienda”… 

La notable superposición y acuerdo entre los diversos esquemas de desarrollo, psicología y espiritualidad se combinan maravillosamente para mostrarnos que el crecimiento va hacia alguna parte. La trayectoria es hacia la unión: unión con Dios/Realidad, con uno mismo –la mente, el corazón y el cuerpo, con los demás y con el cosmos. Todos parecen estar de acuerdo en que los niveles inferiores o iniciales son dualistas, mientras que los niveles superiores o “más profundos” son no duales y unitivos. Las primeras etapas son egocéntricas, las etapas intermedias son socio céntricos, y los últimos son cosmo-céntricos.

En un buen día, no importa tu etapa de desarrollo, lo máximo que puedes esforzarte para comprender es a las personas que están a un paso más allá de ti. Las personas en niveles más maduros pueden parecer ridículas, equivocadas, heréticas o incluso peligrosas para las personas en niveles anteriores. Ahora puedes ver por qué fueron asesinados los profetas judíos, Jesús, Gandhi y Martin Luther King, Jr. Por otro lado, la gente de los niveles superiores, no duales, tienen la amplitud y la profundidad para comprender, aceptar y perdonar a las personas de los niveles anteriores o “inferiores”. Su honestidad les permite ver que alguna vez estuvieron allí ellos mismos y reconocer cuánto tiempo les lleva y cuán difícil es crecer.

La forma en que pasas de una etapa a otra es básicamente por alguna forma de herida, fracaso u oscuridad. San Juan de la Cruz (1542-1591) llamó a estas experiencias “noches oscuras del alma”. El viejo sistema que funcionó durante un tiempo tiene que parar de funcionar , y lo hará, y por esta razón  sufriremos. Parece que todos estamos de acuerdo en que es necesario pasar por un período de desconocimiento para conocer un nivel más elevado y maduro. Tienes que pasar por un período de confusión y duda, luchando con tu sombra, lidiando con tus propios conflictos y contradicciones.

Desafortunadamente, las religiones occidentales han dado a su gente poca enseñanza divina sobre cómo caminar en la oscuridad, que es la esencia misma de la fe bíblica. Sólo los místicos y los verdaderos profetas son honestos acerca de lo que implica.

Si no tienes a alguien que te guíe, que te enseñe, que te sostenga durante los momentos en que no sabes, no sientes, no comprendes, normalmente permanecerás en tu nivel actual de crecimiento.  Guiar y sostener son labor de un buen director espiritual o maestro, o incluso de una homilía eficaz. Ahora quizás entiendas por qué Jesús elogió la fe incluso más que el amor. El amor es la meta, pero la fe es el camino laborioso hacia ella. Las personas pueden avanzar y avanzarán si tienen una combinación juiciosa de ambas seguridad y conflicto necesario. El tradicionalismo, en muchos sentidos, suele proporcionar seguridad; el pensamiento progresista permite y fomenta los conflictos necesarios. La mayoría de nosotros nos colocamos de un lado o del otro y por eso no crecemos mucho.

Richard Rhor. A Spring Withing You. A Book of Daily Meditations. (2016) pp.45-47

El Falso Yo

El falso yo son todas las cosas que pretendemos ser y pensamos que somos. Es el orgullo, la arrogancia, el título, el disfraz, el papel y el grado que tomamos para ser nosotros mismos. Es creado casi en su totalidad por nuestras mentes, nuestras culturas y nuestras familias. Es lo que pasa y lo que va a morir, y no lo que somos. Para muchas personas, esto es todo lo que tienen, pero todo eso morirá cuando nosotros muramos.

Cuando nos identificamos en exceso con él, tenemos que seguir identificándonos en exceso con él, defendiéndolo y promoviéndolo como “lo mejor”.

El concepto del “falso yo” se refiere a la identidad que una persona construye y presenta en ciertos contextos para cumplir con las expectativas sociales, culturales o profesionales, en lugar de reflejar su verdadera naturaleza o autenticidad. Esto implica que la persona está actuando de manera que no se alinea completamente con sus valores, intereses o personalidad genuina.

Si estamos viviendo desde el falso yo, todo lo que podemos hacer es medir, comparar, evaluar y etiquetar. Eso es lo que se llama tener pensamiento dualista, y es donde vive nuestro mundo.

Tenemos que socavar esta ilusión desde el principio, y cuando lo hacemos, descubrimos el Verdadero Ser, el Verdadero Yo,  “escondido con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). Nuestro Verdadero Ser en Dios se convierte en nuestra piedra angular.. Nos da un nuevo par de ojos.

Podemos mirar a nuestro alrededor y saber que el mundo está lleno de infinitas imágenes de Dios.

A medida que llegamos a una aceptación más profunda de nuestro verdadero yo, sabemos que nuestra identidad proviene del amor de Dios, no de lo que otras personas piensan o dicen sobre nosotros. 

Con respecto al proceso transformador de descubrir nuestro verdadero yo:

Sabemos que la tentación del ser humano  es de huir y negar no solo la presencia divina, sino nuestro verdadero ser: nuestras almas, nuestro destino interior, nuestra verdadera identidad. Nuestro verdadero yo es esa parte de nosotros que sabe quiénes somos y de quién somos, aunque en gran parte inconscientemente.

Estamos hechos para la trascendencia y los horizontes infinitos, pero nuestro pequeño ego generalmente se interpone en el camino hasta que nos damos cuenta de sus pequeñas preocupaciones y finalmente buscamos una verdad más profunda. Es como la minería de un diamante. Debemos cavar profundo; y, sin embargo, parecemos reacios, incluso temerosos, a hacerlo.

¿Quién removerá la roca? ¿Quién nos ayudará en esta operación minera del Verdadero Yo? ¿Qué se necesita para encontrar mi verdadero yo? ¿Cómo sé siquiera que hay un “diamante inmortal” debajo y detrás de esta roca de mi ego, mi experiencia de vida específica, mi propia cultura?

Hasta ahora, hemos sido impulsados más por la autoridad exterior que atraídos por la autoridad interior tranquila y amorosa (el Espíritu Santo que mora en nosotros) de la oración, la práctica y la experiencia interior. Esto tiene muchas más posibilidades de permitirnos conocer y conocer nuestro verdadero yo. Para todos los propósitos prácticos, este cambio de identidad del yo separado al Yo Verdadero y conectado es el cambio principal —casi sísmico— en la motivación y la conciencia misma que la religión madura correctamente llama conversión. Es el corazón mismo de toda transformación religiosa (“formas cambiantes”).

Sin ella, la religión es principalmente un mero sistema de pertenencia o un mero sistema de creencias, pero no cambia radicalmente nuestra conciencia o motivación.

La clarificación y el redescubrimiento del Verdadero Ser sientan una base sólida y una meta inicial clara para toda religión. No podemos construir ninguna casa espiritual seria si primero no encontramos algo sólido y fundamental sobre lo cual construir, ¡dentro de nosotros mismos!

https://cac.org/daily-meditations/what-is-the-false-self-2023-08-08/ y https://cac.org/daily-meditations/mining-for-an-immortal-diamond-2023-08-07/

El Espíritu De Dios Ora en Nuestros Corazones

El reino de los cielos es como un comerciante en busca de perlas finas; al encontrar una perla de gran valor, fueron y vendieron todo lo que tenían y la compraron.
– Mateo 13:45-46

St. Agustín, después de pasar muchos años infructuosos buscando la verdad fuera de sí mismo, hizo el descubrimiento que le cambió la vida de que lo que estaba buscando estaba dentro de sí mismo: allí en las profundidades de nuestro ser están la verdad, la bondad y el amor. En sus confesiones proclama: “Estabas allí ante mis ojos, pero yo había abandonado incluso a mí mismo y no había encontrado al Dios de mi propio corazón”.
 
La clave del descubrimiento de Agustín fue su comprensión de que el silencio nos revela a Dios como nada más puede. Si viajamos en quietud al centro de nuestro ser, nos dice, encontraremos a Dios “que está más cerca de nosotros que nosotros de nosotros mismos”.
 
Llegó a  un punto para Agustín y, a nosotros como buscadores contemplativos, también, cuando no se pueden encontrar las palabras correctas, o cuando las oraciones conocidas, hermosas perlas en sí mismas, no tocan ningún acorde en nuestro corazón y no nos acercan a Dios. Es entonces cuando simplificamos nuestra oración y pasamos de muchas palabras a pocas palabras y de pocas palabras a una palabra y de una palabra al silencio. En la quietud y el silencio abandonamos todas las palabras y la reflexión y descansamos. Nos ponemos en las manos de Dios, esperamos y escuchamos escuchar el espíritu de Dios orar en nuestros corazones.

La Búsqueda de La Felicidad

El viaje espiritual… lo libera a uno de las limitaciones de buscar la felicidad en actividades egocéntricas. También abre todo el ser a las posibilidades que eran desconocidas…. Desde esta perspectiva, es fácil negociar todo el viaje espiritual porque todo lo que tienes que hacer es aceptarlo. Ya está sucediendo. Nos ha sido comunicado. Ha sido puesto en nuestras manos. Ha sido puesto en nuestras bocas. Ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. ¿Estamos dispuestos a dejar que Dios nos ame con tanta gratuidad inmerecida?”
– Thomas Keating, video de hoy: “’La búsqueda de la felicidad,” Heartfulness: Transformación en Cristo

La fe juega un papel importante en nuestro camino, pero no una fe que resuelva todas las cuestiones; juega un papel mucho más dramático. Thomas Merton le escribió una vez a su amiga Dorothy Day: “Deberíamos temer por nuestra perseverancia porque hay un gran agujero en nosotros, un abismo, y tenemos que caer al vacío, pero el Señor nos atrapará. … El Señor nos alcanzará. Él te atrapará sin falta y te llevará a su Corazón” (El terreno oculto del amor).

Esta es la fe. Y la fe impulsa al buscador a emprender el viaje. Y la sostiene.

https://www.contemplativeoutreach.org/es/course/2-the-pursuit-of-happiness/

Creación De La Practica De la Oración Centrante como Método Devocional y Psicológico

Método desarrollado específicamente como un diálogo entre el lenguaje clásico del camino espiritual cristiano y los modelos psicológicos contemporáneos.

En la década de los 60 Fr. Keating y los hermanos de la Abadía de St. Joseph en Massachussets, comenzaron a desarrollar una renovación de la oración contemplativa de manera de poder responder a la deserción masiva de católicos  a caminos espirituales orientales. Se basó en el uso de un libro llamado “ La Nube del Desconocimento” de autor anónimo del siglo XIV. 

La Oración Centrante, como se llamó el método, era un método devocional puro y simple. Una forma de profundizar e intensificar la relación con Dios. En ese momento no había ninguna base psicológica.

En el verano de  1983, Fr. Keating organizó el primer retiro Intensivo en La Fundación Lama en San Cristóbal, New Mexico, por un periodo de 2 semanas, en donde se pudiera tener una inmersión profunda.

Los efectos fueron impresionantes al ser expuestos a 5 horas diarias de meditación.     Lágrimas, recuerdos reprimidos, intuiciones profundas, todo mezclado en la superficie, junto con una sensación de catarsis y vínculo entre los 12 participantes .

 Fr. Keating hace referencia de haber visto a las personas pasando en 10 días lo que les hubiera costado 20 años en el monasterio. ¿Qué había sucedido? Fr. Keating se dió cuenta que el método de la Oración Centrante había producido estos efectos.

La Oración Centrante es un método de rendición, o, para describir este mismo movimiento desde un punto de vista psicológico más que un punto de vista teológico, un método receptivo. No implica una concentración sino una relajación de la atención para que ya no haya un foco unidireccional para la mente.

La Psicología Transpersonal estaba en ese momento todavía en su infancia, pero 

desde entonces ha confirmado lo que Keating descubrió a través de observación: cuanto más receptivo es el método de meditación, mayor y más inmediata es la implicación del inconsciente. 

Los métodos concéntrativos, que implican siempre un cierto grado de esfuerzo egoico, tienden a retardar la participación del inconsciente. Los métodos receptivos, por otro lado, lo fomentan, particularmente en una situación de grupo intensivo como el retiro pionero.

Pero el verdadero salto intuitivo de Keating fue reconocer la importancia de esta observación: esta “descarga del inconsciente”, como él la llamaría más tarde, no era un efecto secundario intrascendente, sino un proceso de purificación significativo en el trabajo. De hecho, este fue el vínculo de conexión que había estado buscando durante mucho tiempo, entre la purificación tal como se presenta tradicionalmente en la enseñanza cristiana (como una reprogramación de la motivación consciente, o la lucha contra el pecado), y la realización de la psicología contemporánea que tal reprogramación va sólo superficialmente y, de hecho, puede causar graves daños si se utiliza para la represión y la negación de los impulsos inconscientes. “La verdadera ascesis es la purificación de los motivos inconscientes”, había argumentado Keating durante mucho tiempo, pero ¿cómo llegar a ellos? Con la Oración Centrante como catalizador del inconsciente, encontró su herramienta y su paradigma.

Así, la Oración Centrante renació no sólo como un método devocional sino también psicológico. En la década que siguió a ese primer retiro de Lama, reconociendo la necesidad de proporcionar apoyo y un marco conceptual para las crecientes filas de practicantes de Oración Centrante, Keating produjo la primera cinta de 24 serie de videos, luego una serie de libros: Mente Abierta, Corazón Abierto (1986), El Misterio de Cristo (1987), Invitación al Amor (1992) e Intimidad con Dios (1994), en las que despliega una visión cada vez más cohesiva y sutil del “viaje espiritual” cristiano: el camino de la sanación interior y la transformación que comienza cuando uno adopta una práctica regular de la Oración Centrante.

Hoy día, es por esta enseñanza que es principalmente conocido  y sobre la que descansa su enorme popularidad como maestro espiritual. En sus palabras, “El Método de la Oración Centrante se desarrolló específicamente como un diálogo entre los modelos psicológicos contemporáneos y el lenguaje clásico del camino espiritual cristiano”.

En una síntesis ambiciosa e innovadora, Keating entrelaza la sabiduría tradicional de Tomás de Aquino, Teresa de Ávila y Juan de la Cruz con las ideas contemporáneas de Ken Wilber, Michael Washburn, Jean Piaget e incluso el Método de los Doce Pasos de los Alcohólicos Anónimos. El resultado es un paradigma psico-espiritual integral que comienza en la herida y termina, si una persona está dispuesta a llevarlo tan lejos, en la unión transformadora. Él lo llama la Terapia Divina.

Referencia: Bourgeault, Cynthia. Centering Prayer and Inner Awakening. Cowley Publications, 2004, p.91-99. 

El Arte Del Desprendimiento Del Ego

Necesitamos formas de oración que nos liberen de fijarnos en nuestros propios pensamientos y sentimientos conscientes y de identificarnos con ellos, como si nosotros fuéramos nuestro pensamiento. ¿Quiénes somos antes de tener nuestros pensamientos y sentimientos?

Si estamos llenos de nosotros mismos, no hay lugar para otro, y ciertamente no para Dios. Necesitamos una oración contemplativa, en la que simplemente dejemos ir nuestras necesidades de ego en constante cambio, para que Algo Eterno pueda hacerse cargo.

Esto no es simple. Debido a que hemos perdido el arte del desprendimiento, nos hemos identificado casi por completo con nuestro flujo de conciencia y nuestros sentimientos.

No estoy diciendo que debamos reprimir o negar nuestros sentimientos. No estoy desafiando a nombrarlos y observarlos, pero no a luchar directamente contra ellos, identificarnos con ellos o unirnos a ellos.

Podríamos preguntar: “¿Qué tiene que ver esto con Dios? Pensé que se suponía que la oración era hablar con Dios o buscar a Dios. Esto parece estar diciendo que “la oración se trata de quitarme del medio”. Eso es exactamente lo que estoy diciendo.

Para cualquiera como nosotros el desprendimiento suena como perder, pero en realidad se trata de acceder a un sentido más profundo y amplio del yo, que ya está completo, ya contento, ya lleno de vida abundante.

Esta es la parte de nosotros que siempre ha amado a Dios y siempre ha dicho “sí” a Dios. Es la parte de nosotros la que es amor, y todo lo que tenemos que hacer es dejarlo ir y caer en él.

Una vez que trasladamos nuestra identidad a ese nivel de profunda satisfacción interior y compasión, nos damos cuenta de que estamos recurriendo a una vida que es más grande que la nuestra y de una abundancia más profunda.

Dios ya está presente. El Espíritu de Dios mora dentro de nosotros. No podemos buscar lo que ya tenemos. No podemos convencer a Dios de que venga “a” nosotros con oraciones más largas y urgentes. Todo lo que podemos hacer es volvernos más tranquilos, más pequeños y menos llenos de nuestro propio yo y de nuestra constante ráfaga de ideas y sentimientos. Entonces Dios será obvio en el presente de las cosas, y en la simplicidad de las cosas. En resumen, nunca podemos llegar allí, solo podemos estar allí. 

Adaptado de: Richard Rohr.  A Spring within Us: A Book of Daily Meditations (Albuquerque, NM: CAC Publishing, 2016), 230-231.

La Oracion Centrante y los Pensamientos

Se hace un recorrido por lo que pasa durante el desarrollo de  la Oración Centrante y luego retomamos la discusión de los tipos de pensamientos que se presentan en nuestra mente durante el periodo de oración: pensamientos ordinarios, pensamientos con una carga emocional de atracción o repulsión que activan una variedad de sentimientos, pensamientos de auto reflexión, pensamientos que provienen del inconsciente y pensamientos que se caracterizan por percepciones, iluminaciones e intercesiones.

Se enfatiza la importancia de que la Oración Centrante que forma parte del tipo de oración apofática sirve al proceso de desarrollo de la conciencia apófatica o espacio sagrado tanto para Dios como para los seres humanos.

La oscuridad apofática no es ni “oscura” ni “vacía” ni “sin forma”. Más bien, es el núcleo de nuestra percepción verdadera. Está llena de facultades perceptivas sutiles, los sentidos espirituales, como se les conoce en la tradición mística cristiana y una especie de holograma intuitivo de conocimiento que es el movimiento central de la conciencia unitiva y el fundamento de la individualidad unitiva. Una vez que se empieza a vislumbrar esta verdad, la práctica apofática deja de ser una carga y comienza a brillar con la alegría del descubrimiento e inminencia del encuentro. “En el centro de la nada de uno, uno se encuentra con lo infinitamente real”, dice Thomas Merton, y agrega: Este acto de entrega total no es meramente una fantástica apuesta intelectual y mística; es algo mucho más serio. Es un acto de amor por esta persona invisible que, por el don mismo del amor por el que nos entregamos a su realidad, también nos da a conocer su presencia. Llame a esa “persona invisible” Cristo, Dios, o el propio yo más profundo: El camino de la entrega practicado en cada pequeño desprendimiento eventualmente llena la oscuridad con el conocimiento íntimo del rostro que tenemos antes de tener un rostro, la unidad en el amor que es la forma de “conocer siendo conocido”.

Referencia: Cynthia Bourgeault, Centering Prayer and Inner Awakening. Cowley Publications, 2004

¿Cómo es un período de Oración Centrante?

¿Cómo es realmente un período de Oración Centrante? 
               Comienzas sentándote en tu silla, en tu taburete de oración o te sientas en tu esterilla , ojos cerrados,  y cuerpo relajado. Si  deseas, puedes concentrarte en torno a tu intención con una breve oración como "Padre, me abandono en tus manos y encomiendo mi alma", o "Oh Dios, estoy aquí o tomando un par de respiraciones intencionales. Pero la Oración Centrante en realidad comienza cuando comienzas a "decir" tu palabra sagrada, repitiéndola en silencio, suavemente y al principio de manera constante, como un símbolo de tu disposición de consentir en la presencia y acción de Dios durante este tiempo de oración.
               El siguiente paso es el más importante en la práctica, y también el más difíciles de explicar. Las instrucciones habituales son más o menos así: "Cuando notes que ya no te sientes atraído por el pensamiento, suelta la palabra..."
Pero, por supuesto, estas instrucciones se cancelan a sí mismas y han sido la ruina de muchos practicantes que intentan dominar esta oración. ¿Cómo se puede "observar" sin pensar? Como puedes "decidir" soltar la palabra sin que eso mismo sea un pensamiento?
               En realidad, sin embargo, hay una simple magia aquí, nuevamente depende de ese maravilloso operativo, la participación de tu inconsciente. La palabra simplemente desaparece. Es muy parecido al proceso de conciliar el sueño. No puedes ver el momento en que realmente te quedas dormido. Simplemente sucede.
               Es esencialmente lo mismo en la Oración Centrante. El momento crucial está cuidado. No tienes que "hacerlo"; sucede por sí solo, programado directamente en tu intención original de estar profundamente abierto a Dios. No te das cuenta del momento en que dejas de pensar; lo que notas es el momento en que empiezas a pensar de nuevo. Te encuentras en medio de un pensamiento y vuelves a tu palabra sagrada como una forma de volver a esa apertura. Y luego viene otro pensamiento, y con él, el regreso a la palabra sagrada. . .
               Y sigue y sigue, durante los veinte minutos que haces esta oración (veinte minutos es el tiempo mínimo recomendado para una sesión). Subjetivamente, las únicas partes que directamente recordarás  son los tiempos de lucha con los pensamientos. Pero en efecto, estos tiempos  relativamente más agitadas  de la "superficies de ti mismo” han sido contrarrestados por tiempos de profundo descanso en  lo más hondo. No podrás percibirlos directamente, por supuesto, porque en el momento en que empieces a pensar en ellos, se habrán ido. Pero conservarás algún recuerdo residual de ellos: una inexplicable sensación de frescura y, a veces, una vívida sensación de haber sido arrastrado a lo más profundo de tu propio corazón, o de haberte sentado al borde de una increíble intimidad y ternura.
               Por esta razón, Thomas Keating aconseja a las personas una y otra vez a no buscar los frutos de esta oración en su experiencia subjetiva de la misma. La Oración Centrante no se trata de acceder a estados sublimes de conciencia o tener experiencias místicas. Los frutos de esta oración se ven primero en la vida diaria. Se expresan en su capacidad de estar un poco más presente en tu vida, más flexible y comprensivo con aquellos con los que vives y trabajas, más honesto y cómodo con tu propio ser. Estos son los signos reales de que las profundidades internas han sido tocadas y han comenzado a poner en marcha su trabajo transformador.
Referencia: Cynthia Bourgeault, Centering Prayer and Inner Awakening 2004, p 30

Introducción a la Oración Centrante

De manera de ayudar a entender en forma sencilla este método de meditación cristiana, he preparado un archivo de voz con el material.

El aprendizaje del método de la Oración Centrante lo realicé a través de la organización Contemplative Outreach Ltd., la cual fue fundada por el padre Thomas Keating en 1983 con el propósito de renovar la dimensión contemplativa del Evangelio, y de promover su diseminación en la vida diaria de los hombres. La misión de esta organización es compartir el método de la Oración Centrante y dar soporte al trasfondo conceptual. Comencé a involucrarme con la organización alrededor del 2006 como voluntaria en la zona del Noreste de Ohio y he podido liderizar diferentes grupos de oración, entrenarme en liderazgo de grupos y como presentadora del método de la Oración Centrante, organizar eventos y formar parte del liderazgo de la organización. 

De manera de adentrarnos a esta presentación, la primera pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿Qué es  orar?  Podemos pensar que es la expresión de nuestros pensamientos y emociones tal como lo hacemos con las oraciones  vocales, de reflexión, de respuestas o simplemente oraciones espontáneas. Sin embargo, cuando decimos ”vamos a orar”, lo que realmente estamos diciendo es “déjanos tener una relación con Dios” o mejor dicho “déjanos abrirnos a una relación más profunda con Dios”. En la tradición cristiana existe este tipo de oración que nos permite cultivar la relación con Dios a niveles más profundos,  a niveles que podemos llamar de intimidad y es lo que es llamado oración Contemplativa. Es la apertura de nuestra mente, corazón y de todo nuestro ser a la Presencia Divina, más allá de los pensamientos, palabras y emociones. Abrimos nuestra conciencia a Dios que está dentro de nosotros, más cercano que nuestra respiración, nuestros pensamientos o nuestra conciencia misma. Es simplemente descansar en la Presencia de Dios.

Cómo todas la oraciones cristianas, la Oración Contemplativa está arraigada en la palabra de Dios en las escrituras y en la persona de Jesús. Su fuente es la morada Divina en nosotros (Padre, Hijo, y Espiritu Santo). El amor incondicional de Dios es el que toma la iniciativa en la relación con nosotros y al mismo tiempo nuestro deseo por Dios es también un regalo dado a nosotros. (1 Juan 4:19).

La Oración Centrante está diseñada para facilitar el desarrollo de la Oración Contemplativa. No sustituye los otros métodos de oración, tales como las oraciones vocales, oraciones de reflexión, u oraciones espontáneas y  está basada en la enseñanza de Jesús en el Sermón de la montaña:

… “cuando vayas a orar, entra en tu cuarto/aposento interior y reza a tu Padre en secreto y tu Padre que vé todo te recompensará.” (Mt.6:6). Este cuarto interior siempre está accesible porque está dentro de nosotros.

La Oración Centrante también ha recibido inspiración de textos escritos por varios importantes contribuyentes de la Tradición Contemplativa Cristiana, tales como Juan Casiano, el autor anónimo de “La Nube del No Saber,” Francisco de Sales, Teresa de Avila, Juan de la Cruz, Teresita de Lisieux, y Thomas Merton.

El método de la Oración Centrante desarrolla nuestras facultades internas para prepararnos y así poder experimentar la Presencia de Dios en nosotros mismos. El método cultiva la profundidad de nuestra  relación con Dios y si consentimos a ésto, se desarrolla el sentir de pertenecer a Dios. Esto lo experimentaremos cómo la presencia de Dios en forma continua, la experiencia de unidad con Dios, la experiencia de comunión con Dios.

Cosas que debemos saber de la Oración Centrante.

Cómo todos los métodos de meditación que conocemos en forma genérica, la Oración Centrante tiene  la misma intención y es de parar el proceso constante de pensamientos en nuestras mentes o sea el tener pensamientos uno detrás de otro.

El funcionamiento de nuestra mente es el de tener un pensamiento tras de otro en forma continua y lo que se busca durante la meditación es hacer un espacio entre ellos. Cuando hacemos espacio entre los pensamientos entramos a tener una vacación con uno mismo. El padre Thomas Keating hablaba así cuando enseñaba el método de la Oración Centrante. Cuando comienza este proceso, comienza el período de conocimiento de uno mismo a niveles más profundos y nos llegamos a dar cuenta de nuestra raíz en Dios o de nuestro ser.

La mayoría de métodos de meditación consisten en enfocar la mente en algo, seguir la respiración o decir un mantra en forma constante. La Oración Centrante no trabaja así. Ella presupone que la mente va a estar con la presencia constante de pensamientos, uno tras del otro, porque esto es lo que hace la mente. 

La Oración Centrante,  a enseñará como soltar los pensamientos. Un pensamiento en la Oración Centrante, es cualquier cosa que te hace llevar tu atención a un punto focal. Por ejemplo una idea, una emoción que te produce un efecto fuerte, el recuerdo de una memoria, o también pudiera ser el sonido de una mosca, o una picazón en la nariz.

El gesto de soltar los pensamientos  y dejar espacio entre ellos es el darle a Dios la oportunidad de actuar dentro de nosotros. Lo que estamos haciendo es consintiendo a la presencia y acción de Dios. Y en este momento queriéndolo o no estamos recibiendo ayuda, solidaridad y soporte de terrenos fuera de uno mismo. Esto es llamado recibir una gracia y asistencia especial.

La Oración Centrante no se hace con atención sino con intenciónEsto es muy importante porque no llevamos nuestra atención a un punto focal. La intención es lo que sostiene la practica de la Oración Centrante porque nuestra atención no tiene punto focal. 

¿Cúal es nuestra intención en la Oración Centrante? Estar totalmente disponible a la Presencia Divina, en el presente, a Dios. Cualquier lenguaje que quieran usar porque ustedes saben empíricamente que en nuestro corazón hay una dimensión más profunda de vida, el problema es que uno está constantemente pensando, reaccionando y respondiendo. Verdaderamente lo que queremos hacer es estar disponible. Necesitamos es poner toda nuestra intención de estar disponible a esta corriente de Presencia.

Cuando te sientas y empiezas tu período de meditación lo primero que uno hace es poner nuestra intención y estar disponible a la presencia de Dios.

Lo que nos puede pasar es que no hayan pasado 3 minutos y  comencemos a pensar que se nos olvidó apagar el teléfono o que se nos quedaron las llaves del carro pegadas. En estas situaciones no hay que preocuparse. Uno se da cuenta del pensamiento y no se engancha, no continuamos con la conversación interna; simplemente dejamos ir el pensamiento. También puede ocurrir que comencemos a soñar despiertos. Va a llegar el momento que nos damos cuenta y al suceder esto uno suelta el pensamiento sin juzgar, sin excitación, sin recriminación a uno mismo. Lo que hacemos es dejar pasar el pensamiento y nada más. Este gesto simboliza que uno está consciente de la presencia de Dios en nosotros. Este es el mecanismo básico de la Oración Centrante. 

De manera de recordar de nuestra intención, la gran mayoría de personas usan una palabra sagrada. Es una palabra de una o dos sílabas que uno escoge como símbolo para uno mismo para recordarse cuál es la intención durante la meditación. Puede ser Dios, Amor, Quietud …Uno no repite esta palabra en forma constante.

Uno usa esta palabra cómo una señal para uno mismo para recordarnos. Con el tiempo el uso de esta palabra formará parte de tu inconsciente. Desde allí esta palabra sale para ayudarlo a uno y recordamos que estamos pensando y que debemos soltar los pensamientos.

Se debe uno sentar en un cojín de meditación o en una silla con los pies tocando el suelo. Los ojos están típicamente cerrados. Ayuda mucho tomar un tiempo antes de la meditación para recogerse físicamente de manera de encontrarse relajado y luego poner en forma clara cuál es nuestra intención, que es estar en la presencia y acción de Dios. Por ejemplo, “Yo estoy aquí y me doy a tu brazos Señor”,  y uno comienza la meditación por un mínimo de 20 minutos. Para controlar el tiempo puede usar algún reloj con alarma pero  con sonido muy sutil. Después de pasar este momento, uno debe de permanecer en silencio unos minutos  de manera de dar tiempo a volver a nuestra consciencia habitual.

Se recomienda la práctica de meditación 2 veces al día.

Guía o pautas de la Oración Centrante:

1.    Escoger una palabra sagrada como símbolo de la intención de consentir a la presencia y la acción de Dios en tu interior.

2.    Sentarse cómodamente y con los ojos cerrados, sosiéguese brevemente e introduce silenciosamente la palabra sagrada como símbolo de su consentimiento a la presencia y la acción de Dios en tu interior.

3.    Cuando se de cuenta que estás reteniendo un pensamiento,* regresa muy suavemente a la palabra sagrada.

4.    Al final del período de oración, permanecer en silencio, con los ojos cerrados, por un par de minutos. 

*El término “pensamientos” incluye sensaciones corporales, sentimientos, imágenes y reflexiones.

Primer periodo de la Oración Centrante.

  1. Pedimos a Dios que nos ilumine para escoger una palabra sagrada que usaremos durante la meditación. Esta palabra debe de ser de una o dos sílabas. Cuando digo sagrada no es que una palabra sea mas sagrada que otra. Este término se usa para describirla como un símbolo de nuestra intención. Palabras que podríamos usar por ejemplo: Padre, Madre, amor Paz, Silencio, …. Hay que recordar que esta palabra la tenemos que usar durante todo el período de tiempo y luego al practicar la meditación en forma diaria esta palabra formara parte de nosotros.
  2. Leer las pautas

Guía o pautas de la Oración Centrante:

1.    Escoje una palabra sagrada como símbolo de tu intención de consentir a la presencia y la acción de Dios en tu interior.

2.    Sientate cómodamente y con los ojos cerrados, sosiéguate brevemente e introduce silenciosamente la palabra sagrada como símbolo de tu consentimiento a la presencia y la acción de Dios en tu interior.

3.    Cuando se te des cuenta que estás reteniendo un pensamiento,* regresea muy suavemente a la palabra sagrada.

4.    Al final del período de oración, permanece en silencio, con los ojos cerrados, por un par de minutos.