El Reino de los Cielos está entre nosotros

El Reino de los Cielos

Material extraído del libro Jesús de la Sabiduría escrito por Cynthia Bourgeault

         Uno de los libros más importantes aparecidos recientemente es “Putting on the Mind of Christ”, escrito por Jim Marion, quien, sorprendentemente, no es un teólogo, sino un abogado de Washington. El título en sí mismo es toda una declaración. “Revestirse de la mente de Cristo” es una referencia directa al poderoso mandato de san Pablo en Filipenses 2,5: “Permitid que vuestra mente sea la misma que la que está en Cristo Jesús”. Las palabras nos aproximan directamente a lo que deberíamos hacer en este camino: no solo admirar a Jesús, sino adquirir su consciencia.

         Es cierto que durante la mayor parte de los últimos 1600 años, el cristianismo ha puesto mucho más énfasis en las cosas que sabemos acerca de Jesús. En el capítulo anterior he hablado sobre cómo la palabra ortodoxo ha sido interpretada como “la creencia correcta”. Además del evidente requisito de saber en qué consisten esas creencias y de estar de acuerdo con ellas, lo ortodoxo conlleva un mensaje subliminal: un camino adecuado para relacionarse con Jesús es a través de una serie de creencias. En el cristianismo fundamentalista este mensaje tiende a ser más acentúa-do, hasta el punto de que la fe se reduce a firmar un documento con una declaración de creencias. Creer en Jesús se equipara a creer cosas acerca de él.

         Pero esto no es lo que ocurría en la Iglesia primitiva. Y, desde luego, no puede seguirse este camino si lo que perseguimos es entrar en una relación viva con un maestro de sabiduría. El libro de Jim Marion nos reconduce al terreno adecuado, al principal reto al que el cristianismo debería invitarnos. Porque, verdaderamente, ¿cómo podemos ponernos en la mente de Cristo? ¿Cómo podemos ver a través de sus ojos? ¿Cómo podemos sentir a través de su corazón?¿Cómo podemos actuar ante el mundo con el mismo amor integral y sanador? Esta es, en verdad, la ortodoxia cristiana. No se trata de la creencia correcta sino de la práctica correcta. 

         Marion se acerca a esta cuestión desde una perspectiva muy curiosa. Observa que, en sus enseñanzas, Jesús utiliza de manera repetida una expresión en particular: “El Reino de los Cielos”. Podemos comprobar esto fácilmente si echamos un vistazo rápido a los Evangelios. Estas palabras nos saldrán al encuentro por todas partes. El Reino de los Cielos es así”, “el Reino de los Cielos se asemeja a”, “el Reino de los Cielos está entre vosotros”, “el Reino de los Cielos está cerca”. Sea lo que sea este Reino de los Cielos, es de una importancia fundamental para lo que Jesús está tratando de enseñarnos.

         Entonces, ¿qué interpretación le damos? Los expertos de la Biblia han debatido esta cuestión casi desde que existen los estudios bíblicos. Muchos cristianos, particularmente los de la ideología evangélica, asumen que el Reino de los Cielos es un lugar al que vamos cuando morimos, si hemos sido buenos. Pero el problema con esta interpretación es que el mismo Jesús la contradice específicamente cuando dice: “El Reino de los Cielos está entre vosotros” (esto es, aquí) y “cerca” (esto es, ahora). No se trata de algo que llegará más tarde, sino de una cualidad, o dimensión de experiencia, más sutil, accesible para ti justo en este momento. Tú no mueres para entrar en él si no que despiertas a él.

El otro enfoque que se ha intentado de manera sistemática es el de equiparar el Reino de los Cielos con una utopía aquí en la Tierra. El Reino de los Cielos sería como un reino de paz y justicia, donde los seres humanos viven juntos en armonía y con una justa distribución de sus bienes. Durante miles de años, profetas y visionarios han luchado para materializar sus versiones de este segundo tipo de Reino de los Cielos, pero de alguna manera estas utopías en la Tierra no parecen estar llamadas a pervivir mucho tiempo. Y aquí, de nuevo, encontramos que Jesús rechazó específicamente este significado. Cuando sus seguidores quisieron proclamarle como el Mesías, el rey de Israel divinamente ungido que vendría a instaurar el reino de la justicia de Dios en la Tierra, Jesús se escandalizó con todo aquello y dijo, de forma firme e inequívoca: “Mi reino no es de este mundo”.

¿De dónde es, entonces? La sugerencia maravillosamente perspicaz y contemporánea de Jim Marion es que el Reino de los Cielos es realmente una metáfora de un estado de consciencia: no un lugar al que vayamos, sino el lugar del que venimos. Es una forma completamente nueva de ver el mundo, pues se refiere a una consciencia transformada que, literalmente, convierte a este mundo en un lugar diferente. Marion sugiere específicamente que el Reino de los Cielos es la manera preferida de Jesús de describir un estado de consciencia al que hoy en día nos referimos como “consciencia no dual” o “consciencia unitiva. La característica distintiva de este tipo de consciencia es que no ve separación ni entre Dios y los seres humanos, ni entre unos seres humanos y otros. Y estas son verdaderamente las dos enseñanzas nucleares de Jesús, que subyacen en todo lo que dice y hace.

         Cuando Jesús habla acerca de esta Unión, no está hablando de la unidad del ser en términos orientales, expresada como “yo soy de por sí divino”7. Más bien, lo que tiene en mente es una completa, mutua comunión: Yo soy en Dios, Dios es en ti, tú eres en Dios, nosotros estamos el uno en el otro. El símbolo más bello que utiliza para esto lo encontramos en Juan 15 cuando dice: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. Permaneced en mí y yo en vosotros”. Unos versículos después, dice: “Como el Padre me amó, yo os he amado. Permaneced en mi amor”. Cuando él afirma que “el Padre y yo somos uno” (Jn 10,30), una declaración tan blasfema para los oídos judíos que casi le lleva a ser lapidado, él no lo ve como un privilegio exclusivo sino como algo que comparte con todos los seres humanos. No hay separación entre los seres humanos y Dios por esta mutua cohabitación que manifiesta la indivisible realidad del amor

 Divino. Fluimos en Dios, y Dios en nosotros, porque es propio de la naturaleza del amor el fluir. Y en la medida que nos entregamos unos a otros de esta manera,

la viña da vida y coherencia a los sarmientos, mientras que los sarmientos hacen visible lo que la viña es. (Al fin y al cabo, la vid no es más que una mera abstracción, pero lo que realmente existe son los sarmientos, que conforman una realidad). La totalidad y la parte conviven juntas en mutua y amorosa reciprocidad, cada una perteneciendo a la otra y dependiendo de la otra para poder manifestar la plenitud del amor. Esta es la visión de Jesús de no separación entre el ser humano y la Divinidad.

         La no separación entre los seres humanos es una idea poderosa e igualmente retadora. Una de las enseñanzas más conocidas de Jesús es Ama al prójimo como a ti mismo. Pero casi siempre lo hemos escuchado de forma errónea. Escuchamos Ama a tu prójimo tanto como a ti mismo (y, por supuesto, llega la siguiente pregunta: “Pero primero tendré que amarme a mí antes de poder amar a mi prójimo ¿no?. Sin embargo, si escuchas de cerca la enseñanza de Jesús no dice por ninguna parte “tanto como”. Simplemente dice “Ama a tu prójimo como a ti mismo, es decir, como una continuación de tu propio ser. Es el reconocimiento absoluto de que tu vecino y tú sois lo mismo. No hay dos individuos, uno que busca mejorar a costa de otro, o uno que quiere ser caritativo con el otro; simplemente hay dos células de una Vida más grande. Cada una de ellas es igualmente preciosa y necesaria. Y en la medida que estas dos células fluyen una en la otra y experimentan esta Vida desde el interior, descubren que “entregar la vida de uno por el otro no es una pérdida de uno mismo sino una vasta extensión de sí mismo, porque la indivisible realidad del amor es el único Ser Verdadero

Estos son los puntos nucleares de una enseñanza absolutamente radical, no solo a años luz de su tiempo sino también del nuestro. Para mostrar cuánta es esta distancia, Jim Marion hace buen uso de un esquema lanzado por primera vez por uno de los más grandes filósofos de nuestra era: Ken Wilber. Wilber  enseña que la conscencia humana se despliega a través de un continuo58 de nueve niveles desde la consciencia arcaica de la infancia y de los pueblos de la temprana edad de Piedra hasta los más altos estados de consciencia de la no-dualidad, la completa iluminación del Ihidaya (el “Unificado”) de la que hablamos en el capítulo anterior. En tiempos de Jesús la mayoría de las personas estaban en un nivel tres, o de consciencia “míitica”; su sentido de la identidad estaba orientado colectivamente hacia la pertenencia a un grupo tribal específico. Hoy en día un gran número de personas ha alcanzado el nivel cuatro, o nivel de la consciencia “racional”, y algunos incluso el nivel cinco, o “visión lógica” (si bien cuando están presionadas por el miedo o la incertidumbre, la mentalidad grupal más primitiva todavía vuelve a reafirmarse rápidamente). Así que podemos ver el desafío que esto supone, tanto entonces como hoy en día. Según Jim Marion, Jesús viene como un maestro de la consciencia no dual -probablemente el primero que se ve en la civilización occidental- llamando a una radical transformación de consciencia, al menos seis niveles por encima de aquel en el que se encontraban, y todavía cuatro o cinco niveles por encima del nivel en que estamos nosotros. ¡Hasta este punto es difícil de captar la sutileza de sus enseñanzas!

Pero el hecho de que él hiciera esto (y que continúe haciéndolo en la medida en que aprendemos a abrirnos a su presencia constante nos sugiere que esta transformación no es solo posible sino que, de hecho, está concebida para los seres humanos. Y, además, debe de haber algo en la propia enseñanza que permite pasar por esos niveles de forma rápida en progresión geométrica más que en progresión lineal. Como diría Jesús: “Ven y ve”. En todo caso, el Reino de los Cielos es su metáfora favorita para una vida vivida desde esta consciencia transformada. Es el mundo que creas cuando miras con el ojo de la Unicidad. Y en verdad existe. No es solo una metáfora, sino la transfiguración de este reino por el poder de la Unidad.

Referencia: 

Cynthia Bourgeault. El Jesús de la Sabiduría. Capítulo 3. Pag.68-74. Editorial Nous. 2021

Jim Marion. Putting on the Mind of Christ. The Inner Work of Christian Spirituality [Revestirse de la mente de Cristo. El sendero interior de la espiritualidad cristiana] (Charlottesville, Virginia: Hampton Roads.2000